#UnDíaSinNosotras… en las escuelas

“Muchos niños se han ido a la escuela sin bañarse, sin desayunar quizá… y sin su lunch… Quienes llegan a la escuela, lo hacen sólo para descubrir que no hay maestras en las aulas. Las maestras también han desaparecido…”.

Esto es lo que nos dice Adela Micha en un video que, como era de esperarse y tal como lo ha hecho también el movimiento al que apoya, se ha viralizado en muy poco tiempo.

La fuerza que ha cobrado la iniciativa #UnDíaSin Nosotras parece asombrar a todos aquellos que pensaban que México no tiene la fortaleza ni el carácter para reaccionar ante nada y lo más importante es que refleja el sentir de una sociedad (no sólo de mujeres) que se encuentra en crisis, que está tocando fondo y que de manera histórica y casi inaudita en nuestro país, se está uniendo para que su dolor, su impotencia, su miedo y el reclamo de sus derechos sean escuchados.

La importancia de la mujer en la educación

Las mujeres no sólo conformamos el 51% de la sociedad mexicana (como también lo menciona la señora Micha en su video), sino que hablando específicamente del entorno escolar y de manera particular en lo que a la educación básica toca, constituimos en promedio el 80% de la plantilla docente.

Esto se convierte entonces en un asunto de la mayor importancia cuando hablamos de la responsabilidad, el poder y la fuerza que tenemos en la generación de un cambio de mentalidad y comportamientos hacia nuestro propio género en el país.

Imaginemos entonces este día tan próximo sin maestras en las aulas… y más allá de eso, imaginemos un mundo sin mujeres pendientes de nuestros niños y jóvenes, que ya no pueden atender, formar, proteger, cuidar, guiar, orientar, acompañar y sobretodo cumplir con el deber social y moral que eligieron por vocación y por convicción, porque al igual que otros tantos millones de mujeres viven con miedo y con angustia, porque la violencia las aplasta, porque la impunidad las arrasa, porque la indolencia las aniquila y porque la ausencia de respeto las minimiza.

De ahí la suprema importancia de que las instituciones educativas se unan a esta iniciativa no sólo en este día, sino todos los días, desde sus trincheras y con todo el poder de sembrar las semillas que sean capaces de cambiar la forma en la que hasta ahora hemos crecido, vivido y aceptado como “natural”.

Formación por el respeto a la mujer y en pro de la paz:

¿Feminista, antimachista o igualitaria?

«Soy machista. Fui criado así. Crecí, me casé y tuve una hija. Siempre sometí a mi mujer, algo que me parecía completamente natural. Al fin y al cabo, el machismo es tan estructural que se naturaliza.

Usaba adjetivos como incompetente, idiota, estúpida, para criticar muchas de sus palabras y posturas, y así disminuirla, empequeñecerla. Nunca la agredí físicamente, pero ejercía violencia psicológica.

Mi hija fue criada en ese ambiente…”.

Este fragmento del texto (original del historiador brasileño Cadu de Castro) que la reconocida psicóloga, terapeuta y conferencista, Rosario Busquets compartió también en sus redes recientemente y a propósito del tema que nos ocupa a todos, es sólo una pequeña muestra de un hecho que es real y que se vuelca hacia nosotros como una bofetada imparable: la educación machista e incluso violenta se genera en primera instancia en la sociedad y en su pilar más fuerte que es la familia y además, si las instituciones educativas no cuentan con programas y gestionan las emociones, los comportamientos y los valores universales de manera adecuada, puede seguir alimentándose en el entorno escolar.

Queda claro entonces, que por un lado y en primer lugar, la sociedad completa tiene el deber y la obligación de transformar esta educación que se ha repetido por siglos y equivocadamente, como un modelo normal y aceptado por todos.

Y por el otro, el compromiso educativo de las y los docentes de nuestro país, debe estar dirigido a desarraigar estas costumbres hirientes, denigrantes y obsoletas y pugnar por una formación igualitaria hacia el respeto, la equidad, la empatía y la solidaridad, así como tener presente que no sólo se trata de cuidar al género femenino, sino de desarrollar valores morales sólidos que ponderen ante todo a la persona humana y el respeto a la vida en general.

Lo más importante para todos, es que debemos enseñar a los niños y jóvenes que no se están formando para la no violencia sino en pro de la paz.

Un día de ausencia que debe dejar huella…

Debemos tener presente que unirnos en un movimiento de tal magnitud debe surgir de la responsabilidad social y la toma de conciencia de lo que esto implica y no sólo por seguir el flujo o dejarnos arrastrar por el torrente de las redes sociales.

No es una moda, no son vacaciones y no podemos permitir que se pierda la esencia de su propósito: lograr un verdadero impacto, tanto en la percepción de la mujer como elemento esencial de nuestra sociedad y su importancia en todos los aspectos, como en la economía nacional.

Por esa razón, nuestra obligación como mujeres, madres de familia, docentes y trabajadores del sector educativo este 9 de marzo, es permanecer en casa con nuestras pequeñas, promover la reflexión, sensibilizar y concientizar a nuestros hijos y evitar salidas de cualquier tipo (compras, comidas, reuniones o cualquier otra actividad que nos aleje del hogar).

La obligación de los docentes y personal masculino que asista a los colegios este 9 marzo, será reflexionar en torno al respeto, la empatía y los valores, apoyando activamente y siendo partícipes del cambio que en verdad esperamos.

Y la obligación de nuestros niños y jóvenes este 9 de marzo, como alumnos, compañeros, hijos, hermanos o amigos, será asistir con los corazones abiertos para fortalecer sus vínculos con las mujeres que los rodean y comprender la importancia que cada una de ellas tiene en sus vidas.

Alejandra Ruiz S.

Directora General