¿Por qué estamos tan cansados? Ventajas y desventajas de las videoconferencias

En las últimas semanas, el obligado trabajo en casa al que empresarios, profesionistas, trabajadores diversos y por supuesto, los profesionales de la educación, nos hemos tenido que enfrentar durante el confinamiento, ha sido posible, en gran medida, gracias a las diversas plataformas de que ofrecen servicios de videoconferencias en tiempo real.

Sin embargo y a pesar de los múltiples beneficios que obtenemos, cada vez son más las personas que manifiestan sentirse cansados, agobiados e incluso “drenados” emocionalmente al final del día.

Pero… ¿Por qué sucede esto? ¿Cuál es la relación costo-beneficio? ¿Qué podemos hacer para evitarlo?

Para poder responder a estas interrogantes el primer paso es realizar un pequeño análisis de las ventajas y desventajas que esta nueva forma de trabajo nos ofrece:

Como podemos ver, las ventajas de las videoconferencias son muchas y de entre todas ellas, la principal es que nos permiten continuar con nuestras actividades productivas y sociales a pesar del estado de emergencia; pero, no obstante y poniendo como prioridad el bienestar integral de todos lo que utilizamos estos medios, es de suma importancia poner atención en los efectos psicoemocionales que evidentemente nos están afectando.

Un ojo al gato y otro al garabato

Según diversos especialistas en comunicación humana, aproximadamente el 90% de nuestro proceso de comunicación durante una conversación es no verbal, lo cual implica necesariamente que mucho de lo que decimos-percibimos está absolutamente ligado a nuestros gestos, movimientos, muecas, sonidos, coloración o sudoración de la piel, etc. Entonces, cuando esos elementos fundamentales no están presentes al momento de reunirnos con los demás, las inevitables consecuencias se traducen en un terrible desgaste físico, emocional y mental, al volverse necesario enfocar toda nuestra atención en las palabras, en intentar percibir cualquier detalle que pudiera ser importante y en evitar realizar cualquier otra actividad que nos distraiga aún por un momento de nuestra interacción virtual.

Esto por otro lado, nos obliga también a “evaluar” la manera en la que nos perciben los demás. Debemos cuidar nuestra imagen, el mejor ángulo, la forma en la que decimos las cosas, el tono de voz y por supuesto los “accidentes” inesperados como los ruidos de casa, el perro, los niños, etc., y nos vamos sumergiendo en una especie de vórtex en el que la actuación, la autocrítica y la autocorrección conviven y van creciendo poco a poco casi sin darnos cuenta.

Imaginen entonces el nivel de ansiedad y estrés que están viviendo nuestros profesores en estos momentos, al estar sobreexpuestos a la observación y la crítica (primero personal, después de sus alumnos, en seguida de sus jefes y finalmente de los padres de familia), mientras intentan cumplir de la mejor manera con su trabajo, contener a sus alumnos, hacer sus clases interesantes y sacar adelante la educación de nuestro país en esta crisis.

Finalmente y, no menos importante, lidiar con los problemas de la era tecnológica, se convierte en la cereza del pastel: las malas conexiones de red, la falta de energía eléctrica, interrupciones de cualquier tipo y el retraso de audio o video que puedan presentarse son una preocupación constante que también reclama nuestra atención y que por consecuencia desgasta nuestra energía.

Entonces… ¿Cómo evitar que las videoconferencias nos devoren?

Como dice la frase de Herbert Gerjuoy (aunque generalmente atribuida a Alvin Toffler): «Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.»

La clara realidad es que estamos viviendo momentos diferentes en los que tenemos que aprender a ser diferentes, a pensar diferente y actuar diferente.

Las circunstancias actuales nos exigen evolucionar y no cabe duda de que en este proceso, debemos aprender a coexistir con nuevas formas de trabajo y convivencia, a dejar de lado las convenciones sociales, a aprender a ser nosotros mismos, a reconocernos valiosos, a utilizar nuestros talentos de la mejor manera y trabajar en nuestras áreas de oportunidad para saber encontrar la oportunidad en la crisis, la solución en el problema y el aprendizaje en la experiencia misma.

                                                                                   Alejandra Ruiz S.

                                                                                   Directora General