La misión de un colegio:

¿Tener niños contentos o enseñarlos a ser felices?

Una de las mayores preocupaciones de los padres del mundo actual a la hora de buscar colegios, es que sus pequeños se encuentren felices en el lugar en el que van a pasar casi la mitad de su niñez y adolescencia.

Pero… ¿Hasta qué punto tenemos clara la diferencia entre estar alegres o contentos y alcanzar un estado de verdadera felicidad?

Es este sentido, es preciso establecer el hecho de que la alegría, el gozo, el júbilo o la euforia son estados de ánimo directamente relacionados con los centros de placer y por tanto, reacciones que los niños relacionan automáticamente con obtener lo que desean.

¿No es lógico pensar entonces que cuando se les niega todo lo que piden, consecuentemente experimentan los estados anímicos contrarios?

De ahí la importancia de saber decir NO a nuestros hijos con más frecuencia de lo que quisiéramos (¿Cómo puede un niño aprender la diferencia entre felicidad y simple placer si siempre lo tiene todo sin el menor esfuerzo? O peor aún, ¿qué pasa cuando incluso deja de sentir, ya no felicidad, sino al menos ese placer momentáneo, ya que se vuelve su estado cotidiano?.

Ahora bien, de acuerdo con diversos investigadores la felicidad es un estado emocional de plenitud que se sólo se alcanza cuando elementos como la autorrealización, la autonomía y la libertad y la independencia de un individuo están en armonía.

“Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser de mayor.

Yo respondí: “feliz”. Me dijeron que yo no entendía la pregunta y

yo les respondí que ellos no entendían la vida”.

                                  -John Lennon-

Pero entonces…

¿Cómo pueden los colegios “garantizar” a los padres una educación para la felicidad de sus hijos?

Aunque el concepto de felicidad es un asunto que se ha puesto de moda en los ámbitos educativos (de hecho, hoy en día hay colegios que afirman impartir “clases de felicidad”), lo cierto es que no se trata de una cuestión de moda, sino de una necesidad y hasta de una obligación pedagógica que, más allá de complacer a los padres, debe incluirse en cada elemento de la formación escolar y centrarse en las consecuencias a corto y largo plazo que tendrá en los alumnos a los que se forma.

Debido a esto, los padres deben buscar colegios que demuestren desarrollar, en la totalidad de sus programas y actividades, aspectos como:

  • En primera instancia y, como muchos otros expertos en pedagogía lo sustentan, enseñar a los pequeños a buscar, encontrar, cultivar y mantener la felicidad solo puede darse a partir de modelos educativos humanistas en los que se pondere al alumno como objetivo primordial y en lo que lo importante no sea cómo enseña el maestro sino cómo aprende el alumno, de manera tal que, el proceso de aprendizaje provenga de las experiencias, conocimientos y decisiones de los alumnos y no de los docentes.
  • Promover relaciones interpersonales sanas y duraderas. Uno de los factores más importantes para la construcción de la identidad y autoestima humanas es reconocerse un ser social y por tanto, las relaciones sociales, la aceptación y reconocimiento de los pares y los vínculos afectivos
  • Educación emocional desde pequeños, que les permita aprender a ser autónomos y asertivos en su toma de decisiones así como el fortalecimiento de su voluntad para aprender a ser tolerantes ante la frustración
  • Ponderar la gratitud como valor esencial. No sólo en el sentido espiritual, sino sustentado por la ciencia (como en los estudios llevados a cabo por el Dr Robert A. Emmons en la Universidad de California en Davis y su colega Mike McCullough en la Universidad de Miami), recientemente se ha comprobado que el ser agradecido es una de las fuentes que mayor felicidad proporciona al ser humano.
  • Enseñar a los niños a disfrutar y a valorar las cosas simples de la vida. Explorar, crear, aprender y percibir el mundo con todos los sentidos es una de las cosas que, en aras del conocimiento, los colegios han dejado de lado y es preciso retornar a ello para que nuestros niños no dejen de sorprenderse y disfrutar, al mismo tiempo que se potencia su curiosidad por saber siempre más.

Un niño feliz será un adulto sano y exitoso

Como vemos entonces, la búsqueda de la felicidad, aprender a ser agradecidos por lo que se tiene y modificar comportamientos que nos causan conflictos no es resultado de una fórmula mágica, sino un proceso permanente en el que padres y colegio debemos participar cerrando filas todos los días, en cada aspecto y a cada instante, para que los niños y jóvenes que hoy están en nuestras manos, crezcan con las herramientas que les permitan no sólo ser adultos sanos y felices, sino también afortunados creadores de una realidad infinitamente mejor.

Alejandra Ruiz S.

Directora General