La generación de los niños “sin tiempo”.

“No hice la tarea porque no tuve tiempo…”,  “No me dio tiempo de practicar el piano…”, “Quería jugar un rato pero no me dio tiempo…”.

Cada vez son más las ocasiones en las que escuchamos estas frases en boca de niños y adolescentes, pero lo alarmante es que no son usadas a manera de fácil justificación, sino que son producto de una muy cierta realidad en la que viven.

Sus agendas y comportamientos se asemejan a los de adultos que tienen que cumplir con innumerables actividades y los tiempos en los que deberían vivir la etapa de desarrollo que les corresponde se han reducido casi a cero.

De manera contraria a los pequeños que están desatendidos y que tienen largos tiempos de ocio que los han llevado a ser presa de las innumerables tentaciones de las redes sociales o los videojuegos violentos porque se aburren a los dos minutos de no tener un aparato encendido con ellos, la generación de los niños del “no tengo tiempo” vive realmente inmersa en incontables clases, terapias y/o tareas escolares y, sin bien es cierto que es necesario mantenerlos ocupados en actividades que desarrollen sus diversas habilidades y capacidades, en ambos casos también lo es el hecho de enseñarlos a reflexionar, a aprender a convivir consigo mismos y a gestionar asertivamente sus tiempos de ocio.

La importancia del silencio en las generaciones hiperestimuladas

En un mundo plagado de ruido ambiental y mediático, dispositivos electrónicos, información y noticias que llegan por miles y en segundos, y en donde los likes parecen definir lo que somos, el silencio se ha convertido en un lujo que, no sólo pocos tienen, sino que además, alarmantemente, ya no sabemos cómo utilizar.

En un estudio realizado en la Universidad de Virginia y conducido por el doctor Timothy Wilson, en el que se invitó a los participantes a permanecer en silencio durante un promedio de 10 minutos en una habitación en la que no había más que una máquina de electrochoques y sus propios pensamientos, asombrosamente la mayoría de los voluntarios se auto infringió descargas eléctricas sólo por el hecho de no poder permanecer consigo mismos sin recibir ningún otro estimulo durante el corto periodo de tiempo indicado.

Lo anterior, no sólo es, además de casi increíble, preocupante, sino que debe ser una señal de alerta para quienes dedicamos nuestros esfuerzos a la formación de las generaciones que están creciendo recibiendo y desechando un estímulo tras otro cada día.

“Children are not only sensitive to silence,

but also to a voice which calls them…

Out of that silence.”

María Montessori

El silencio, la contemplación y la reflexión como valores esenciales

Quien no sabe estar en silencio no sabe estar consigo mismo, no tiene la capacidad de contemplar el mundo y asombrarse con él y es incapaz también de hacer reflexiones que promuevan el autoconocimiento y el crecimiento personal.

En el caso de los niños, los tiempos de silencio y de ocio bien dirigido son esenciales porque es en ellos en los que imaginan, crean, se cuestionan, aprenden, juegan y se relacionan con el mundo al mismo tiempo que van construyendo su identidad. Por ello es importante:

  • Brindarles espacios y momentos para estar en silencio.
  • Invitarlos a disfrutar de la contemplación iniciando con breves periodos de tiempo y alargándolos poco a poco.
  • Enseñarlos a reflexionar asertivamente.
  • Promover su autoconocimiento en diversas situaciones.
  • Fortalecer su tolerancia a la frustración.
  • Poner a su alcance materiales con los que puedan crear y/o plasmar sus ideas.

La única manera de revertir la insensibilización que causa la sobreestimulación en nuestros niños y jóvenes es mostrándoles que la simpleza también está llena de matices, satisfacciones y cosas que descubrir y que su voz interior es el estímulo más fuerte que pueden encontrar si les permitimos vivir plenamente su niñez.

Alejandra Ruiz S.

Directora General