Hacer a un lado las diferencias y caminar hacia la misma dirección

Después de la tragedia que se sufrió en Torreón, pero que esencialmente vivimos como sociedad y como parte integral de la educación que los niños y jóvenes del mundo están recibiendo en sus casas y colegios, es preciso reflexionar sobre la gran responsabilidad que la educación ( familiar y escolar) tiene en estos momentos de crisis y comprometernos firmemente para poder convertir la calamidad en oportunidad.

Este trabajo reflexivo entonces, se vuelve el punto de partida obligado para empezar a comprender cuáles son los factores que nos han llevado a esta violencia exacerbada y a esos niveles de odio contenido que se reflejan an todos los ámbitos y niveles de nuestra sociedad y lo que es peor, a todas las edades.

¿En qué momento se nos perdieron los valores? ¿Cuándo extraviamos la capacidad de ver al otro y sentir, si no amor, al menos empatía o compasión? ¿En dónde está quedando lo más importante de nosotros, que es la humanidad?

Los dos papas: la verdadera espiritualidad que nuestros niños deben aprender

Es en este marco de profunda preocupación por lo que nos depara como responsables del futuro de nuestros hijos y alumnos, que la película de Fernando Meirelles, “Los dos Papas”, nos deja una enseñanza extraordinaria y nos ilumina significativamente en cuanto a cuál es el camino a seguir para poder transformar la realidad social que nos devora.

Más allá de religiones, de tintes políticos, de luchas de poder o de dogmas de fe, el filme nos lleva a comprender que lo importante es redescubrir la esencia humana, a resignificar la humildad (de reconocer, aceptar y corregir errores) que tanto nos hace falta,  a buscar las respuestas más dentro que fuera y nos invita abiertamente a valorar la importancia de dejar las diferencias a un lado y aprender a ceder, como el único camino para empezar a construir en vez de destruir.

Conciliación: la palabra clave de nuestra realidad 

La película nos cuenta una historia, sí. Pero en el trasfondo de esas vivencias (en las que no sabemos si Benedicto encuentra su humanidad en la “amorosa mundanidad” de Francisco o si es él quien descubre una luz en este hombre atormentado y casi carente de fe) se encuentra un elemento espiritual mucho más profundo.

Vemos a los líderes del mundo, a nuestros gobernantes y a nuestros políticos, pero también podemos ver a nuestros jefes o compañeros, a nuestros esposos o esposas o incluso a nuestros hijos. Vemos, en esa relación de dos simples hombres descubriendo su esencia, que el principio de todo conflicto esta en la férrea negativa a ceder (o a no perder el poder), pero también que el inicio de toda solución está en hacer a un lado las diferencias, sin importar que tan fuertes o profundas sean y empezar a caminar en una misma dirección que inevitablemente nos llevará hacia el bien común.

Educación para la paz: el mayor reto para la educación del siglo XXI

“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz”, estas son las palabras que la pedagoga, doctora y humanista italiana María Montessori pronunció en el Congreso Internacional Montessori, en 1937 en Copenhague, Dinamarca.

Más de 80 años han pasado ya desde ese día e indudablemente, hoy suenan más vigentes que nunca.

El reto de la educación de hoy entonces, no está en transmitir conocimientos, encontrar nuevos métodos o fusionarse con la tecnología, el verdadero desafío implica descubrir la manera de integrarlo todo en un modelo que pondere el sentido humano, la empatía, la tolerancia, el respeto mutuo, la cooperación, la caridad, la compasión y el amor por el otro; una metodología capaz de inyectar los valores como el elemento transversal que sea efectivo para crear las oportunidades de cambio que nuestro mundo y, especialmente, nuestros niños y jóvenes, tanto necesitan.

Alejandra Ruiz S.

Directora General