Efecto Pigmalión: El poder de impulsar o de arruinar a un niño

El Efecto Pigmalión (también llamado Efecto Rosenthal o de la “profecía autocumplida)”) surge como resultado de los profundos estudios psicológicos realizados por los doctores Robert Rosenthal y Leonore Jacobson, quienes descubrieron que las expectativas que ponemos en los niños (o en las personas) tienen el poder de modificar sus conductas, comportamientos e incluso sus resultados en tests de inteligencia.

El experimento y su impacto en el aula

Al inicio del ciclo escolar, los doctores aplicaron una prueba de inteligencia a aproximadamente 300 alumnos de una escuela, en la cual todos mostraron en promedio, los mismo resultados. Sin embargo, eligieron al azar a un grupo de alumnos (el grupo experimental) para informar a los profesores que ellos habían obtenido resultados brillantes y que el resto del grupo simplemente había mostrado un puntaje promedio (el grupo de control).

Al cabo de 8 meses volvieron a aplicar el test a todos los alumnos y sorprendentemente, los resultados obtenidos por el grupo experimental se habían elevado significativamente.

Sus conclusiones fueron que, al haber sido informados los profesores de las “elevadas capacidades! de ciertos alumnos, ellos les prestaron mayor atención y les ofrecieron un trato diferenciado (hacían más contacto visual con ellos, les repetían las explicaciones un mayor número de veces y les daban más tiempo para contestar) incluso de manera inconsciente, lo que inevitablemente desembocó en mejores resultados y cambios de comportamiento de los alumnos.

El poder de las “etiquetas” en la educación

Aunque las investigaciones sobre este efecto se han extendido a otros ámbitos, como el organizacional o el de liderazgo, su importancia en la educación es un asunto al que debemos prestar gran atención.

De acuerdo con Rosenthal, los factores que influyen en las “transformaciones” de los niños son:

  • Tener expectativas positivas sobre los demás (en la familia, el colegio o cualquier otro ámbito) produce un entorno emocional más armonioso y afectivo.
  • Las expectativas provocan mayor retroalimentación acerca del rendimiento de los hijos/alumnos.
  • Se ofrece más atención, información y cuidado a los sujetos sobre los que se tienen expectativas positivas y se les exige más.
  • La comunicación efectiva es mayor y de más calidad con aquellos de los que esperamos más.

Pero, ¿qué pasa cuando estas expectativas no siempre son positivas?, ¿Qué sucede cuando un hijo o alumno es “etiquetado” como el vago, el burro, el indisciplinado o el maleducado?

Evidentemente, es en este punto en el que nos encontraremos con problemas.

El reto de aplicar estas técnicas psicológicas con nuestros niños, tanto en la familia, como en las aulas, es tratar de encontrar la manera de motivarlos y potenciar sus talentos y habilidades objetiva, asertiva y equilibradamente (no debemos olvidar que no todos pueden ser “el campeón” o “la princesa”, por el simple hecho de que existen naturalmente distintos tipos de inteligencia, pero si podemos ayudarlos a crecer con seguridad en sí mismos, fortaleciendo su autoestima y trabajando a profundidad en su autoconocimiento, resiliencia y tolerancia a la frustración).

¿Lo que creemos, creamos?

Como formadores de mentes y almas, padres y maestros tenemos un poder más grande del que imaginamos, pero que conlleva una responsabilidad aún mayor.

Motivar a un niño, guiarlo para que desarrolle su máximo potencial y ayudarlo a saber que tiene la capacidad de ser y lograr lo que desee, es el trabajo fácil; la verdadera tarea educativa consiste en hacer a un lado nuestros propios prejuicios y limitaciones, guardar las etiquetas negativas lo más lejos que podamos y aprender a encontrar lo mejor de cada pequeño que esté bajo nuestro cuidado, ya que sólo de esa manera podremos ejercer a plenitud ese poder que nos ha sido otorgado y empezar a creer en el mundo que queremos (y podemos) crear.

Alejandra Ruiz S.

Directora General