Día de Muertos en tiempos de pandemia: ¿Cómo abordar el tema de la muerte con niños y adolescentes?

Difícil es hablar de celebraciones en momentos como este, en los que una pandemia que no distingue edades, razas o grupos sociales, nos ha colocado en situaciones delineadas por el dolor, las pérdidas inesperadas, la falta (obligada o no) de cierres adecuados y la preocupación por un futuro incierto, sin embargo el Día de Muertos y la profundidad que encierran nuestras tradiciones, nos abre la puerta a oportunidades que difícilmente podríamos encontrar en otras culturas.

El simbolismo que encierra la ofrenda, la oportunidad de colocarla como si de un “ejercicio ritual” de acercamiento con los que se han ido se tratara y la aproximación a la muerte de manera festiva, son sólo algunos de los aspectos que pueden ayudarnos a hablar del tema con nuestros hijos hoy, que no sólo es importante sino necesario.

Pero… Sin importar todas las herramientas y “artilugios” con los que contemos… ¿Cómo podemos hacerlo? O, lo que es más importante, ¿Cómo debemos hacerlo?…

La sociedad del adultismo

Hablar de muerte con niños y adolescentes supone la misma dificultad que cualquier otro tema de carácter delicado y con infinidad de matices difíciles de explicar, de compartir y sobre todo de asumir.

Pero por muy complicado o sensible que resulte el asunto, debemos aceptar que una de las mayores dificultades al momento de intentar abrirlo, es el tremendo “adultismo” en el que se ve inmersa nuestra sociedad: pensamos, por un lado, que los niños no entienden, que no están listos o que no cuentan con las herramientas para enfrentar la realidad; y por el otro asumimos que los adolescentes no tienen madurez, que son tontos o que están tan egoístamente perdidos en la propia construcción de su identidad, que poco les importa lo que pase en el mundo.

¡Nada más lejos de la realidad! Niños y adolescentes tienen, no sólo la capacidad, sino el pleno derecho, de conocer la realidad, de afrontar los problemas, de identificar sus emociones y de ir construyendo una personalidad fuerte y resiliente.

Y si además de todo, agregamos el hecho de que tienen quizá más acceso que los propios adultos a todo lo que la red y los medios masivos de comunicación (cierto o ofrecen a cada momento (noticias, testimonios, estadísticas, experiencias reales, etc…), debemos asumir entonces que nuestra responsabilidad se convierte más bien en una guía para que puedan discernir entre lo que oyen, lo que ven y lo que viven, desde un lugar amoroso y con un enfoque que les ayude a procesar y digerir sus sentimientos sanamente.

“Al pan, pan y al vino, vino…”

De lo anterior podemos concluir entonces que el primer punto y acaso el más necesario al momento de hablar con nuestros hijos, es llamar a las cosas por su nombre, tomando en cuanta su edad, su sensibilidad y  su etapa de desarrollo claro, pero con el mayor respeto a su inteligencia porque es claro que ellos saben lo que pasa.

Algunas estrategias que nos pueden servir para tratar el tema son:

1. Hablar con la mayor veracidad y con toda la naturalidad que nos sea posible.

2. Hacerles saber en primera instancia qué es la muerte y por qué es necesaria para la continuación de la vida continúe, 

3. Explicar claramente el por qué alguien se ha ido y también el por qué no hemos podido despedirlo (el COVID-19 en estos momentos es un tema importante claro, pero aunque no todos los decesos se han dado por eso, en la mayoría de los casos sí ha sido imposible asistir a un velorio, misa o ritual de duelo o despedida). 

4. Ayudar a hacer un cierre amoroso en familia, para poder cerrar ciclos y decir adiós.

5. Utilizar a nuestro favor la maravillosa filosofía de nuestras tradiciones, mostrando a niños y jóvenes que “nadie muere del todo mientras quienes lo amaron lo sigan recordando” (la película “Coco” y algunas otras son una excelente herramienta para ello).

6. Enseñarles a honrar la labor y el legado, tanto de sus seres amados, como de los que perdieron la vida salvando otras, exaltando los valores y el amor al prójimo.

«Después de todo, la muerte es sólo un síntoma de que hubo vida»

Mario Benedetti

Celebrar la muerte es celebrar la vida

Vivimos momentos en los que niños y jóvenes deben estar preparados para enfrentar situaciones difíciles y dolorosas y, por mucho que quisiéramos evitarlo, somos los adultos quienes tenemos la responsabilidad de mostrarles que la mejor manera de recordar a quienes nos han dejado es honrando su legado, viviendo con alegría, agradeciendo y disfrutando cada momento, cuidándonos unos a otros y dándonos cuenta de que la única manera de salir de esto, enteros y con un corazón fuerte, es esforzándonos por tratar de ser mejores a cada instante, desde cualquiera que sea el lugar en el que nos corresponda estar.

Alejandra Ruiz S.

Directora General