Mochila segura: ¿Sabemos realmente qué “cargan” nuestros hijos?

Hace unos años fue la tragedia en un Colegio de Torreón; hace apenas un mes, el no menos dramático acontecimiento en una secundaria de Iztapalapa…

No podemos negar, que, si bien antes de la pandemia ya existía gran preocupación entre padres de familia, docentes y personal administrativo de los colegios por la violencia (accidental o premeditada) dentro de los planteles, después del confinamiento, la atención prestada a este asunto de tanta importancia para la seguridad de todos, debe ser aún mayor.

La punta del iceberg…

La escuela es mejor en la escuela y es un hecho innegable para todos que el regreso a las clases presenciales es lo mejor que pudo suceder para restablecer el bienestar integral de nuestros niños y jóvenes.

No obstante, hoy, que llevamos ya varias semanas de clases efectivas, nos encontramos con que, más allá de preocuparnos por el rezago académico, el foco debe centrarse en recuperar, atender y fortalecer su estabilidad emocional.

Hoy ya tenemos un panorama claro de cómo están regresando: percibimos los miedos y angustias no digeridos, percibimos las emociones desbordadas, nos damos cuenta de la dificultad para reencontrar su lugar y, lo que es más importante, somos testigos de la agresividad que los invade (producto de esos mismos miedos, ansiedades, tristezas y aislamiento que no están sabiendo expresar o manejar adecuadamente).

La realidad es que, si no actuamos ya y lo hacemos bien, esto sólo será la punta de un iceberg que irá emergiendo lentamente para mostrarnos que las pérdidas que la pandemia dejó no sólo deben medirse en términos de vidas humanas o crisis económicas.

Mochila segura: lo más importante es identificar qué “cargan” nuestros hijos

Aunque el programa mochila segura surgió como un esfuerzo de prevención ante posibles actos de violencia en las escuelas durante el gobierno de Calderón, luego fue suspendido en el pecio de Peña por diversas causas y hoy aún no ha sido reactivado (a pesar de las peticiones de padres de familia y de una real necesidad de retomarlo, al menos por un tiempo), lo cierto es que el verdadero origen de estas situaciones no está en lo que niños o jóvenes puedan llevar en la mochila, sino en todo lo que cargan a nivel emocional, psicológico y espiritual (de más estar volver a mencionar que es ahora, como nunca antes, cuando sus “mochilas emocionales” están sobrepasadas por todo lo vivido).

Lo más importante de esto es que con programa de revisión de mochilas o no, hoy las escuelas y, de manera aún más significativa, las familias, debemos hacernos responsables, partiendo de la certeza de que un niño emocionalmente sano, no llena su mochila de objetos de riesgo; de que el primer filtro de precaución se encuentra en casa; y de que las cosas no pasan por casualidad, sino que son consecuencia de muchos factores que, en su mayoría, se pueden prevenir.

Focos rojos… ¿Cómo detectarlos?

Hay diversas señales que nuestros hijos nos envían cuando algo no está bien en su universo: conductas o comportamientos fuera de lo normal, actitudes violentas o de indiferencia, cambios en sus hábitos o intereses. Situaciones que pueden ser realmente alarmantes o en ocasiones tan sutiles que es casi imposible notarlas.

Lo importante es que nuestros vínculos con ellos sean fuertes que esos indicadores, señales, y conductas o factores de riesgo, nunca pasen desapercibidos. ¡Observar, observar y observarlos más!

Algunas de estos señales son:

1. Comportamientos extraños, cambio de rutinas, alteraciones de hábitos alimenticios o de sueño.

2. Abandono de amistades o intereses (por ejemplo un hobbie o deporte que antes disfrutaban mucho).

3. Aislamiento y adicción a videojuegos violentos.

4. Maltrato a los demás, comúnmente a hermanos o amigos.

5. En casos más graves, manifestaciones de crueldad hacia seres más vulnerables.

6. Constante búsqueda de situaciones de peligro o de conductas de alto riesgo.

7. Búsqueda de “información” o material inadecuado en internet o redes sociales.

8. Fracaso o deserción escolar.

¿Cómo saber cuál es la causa?

Son muchas las razones que pueden desencadenar estos graves problemas en nuestros hijos, pero definitivamente el factor clave en la mayoría de los casos es que ellos se sienten “invisibles”, por ello es de vital importancia hacerles saber que siempre estamos para ellos, que tenemos tiempo y voluntad para escucharlos, que son importantes para nosotros y que, sin importar qué, su casa y su colegio son los lugares más seguros que pueden encontrar.

Otras causas importantes son:

  • Rechazo afectivo.
  • Sentimientos de abandono o de soledad.
  • Falta de atención.
  • Falta de límites.
  • Carencia de un modelo a seguir.
  • Cero tolerancia a la frustración.
  • Exceso de uso de redes sociales, videojuegos y/o plataformas de streaming como Youtube, Netflix o Prime.
  • Exceso de bienes materiales de acuerdo a su edad.
  • Familias ausentes (por negligencia o descuido).
  • Familias y/o amistades tóxicas (con altos grados de violencia, abuso físico o emocional, maltrato, adicciones o autodestructivas).

¿Cómo solucionarlo?

Afortunadamente, así como son muchas las causas que encontramos, también son muchos los factores de prevención, protección y/o solución a estas preocupantes conductas, es por eso que es importante que como padres, seamos constantes y amorosos y llevemos a cabo las siguientes estrategias:

  • Hacer saber a nuestros hijos que son amados, vistos, escuchados y tomados en cuenta a cada momento, manteniendo una comunicación abierta y efectiva con ellos. Hablar menos y escucharlos más.
  • Promover la convivencia familiar sana, buscando actividades que todos disfruten y brindando tiempo de calidad.
  • Construir y fortalecer vínculos de amor y confianza con ellos.
  • Acompañarlos en cada parte de su desarrollo físico y emocional (identificando las características de cada etapa para poder notar cualquier indicador fuera de lo común).
  • Conocer a sus amigos (incluyendo sus familias y valores) y procurar que pasen tiempo en espacios seguros (de ser posible nuestro propio hogar).
  • Evitar cualquier tipo de violencia en casa.
  • Hacerlos responsables de sus cosas y de su persona (aunque no debemos dejar de revisar sus cosas y espacios de vez en cuando).
  • Limitar el uso de dispositivos (no darles más que lo que de verdad sea necesario), establecer reglas para el uso de la tecnología y supervisar continuamente el uso de redes sociales, internet, videojuegos y plataformas de streaming.
  • No darles más dinero en efectivo del que necesitan.
  • Recordar que la revisión de mochila empieza desde casa (estar pendientes de que por ningún motivo tengan drogas, vapes, alcohol, pornografía, ni mucho menos acceso a armas blancas o de fuego (incluyendo de diábolos, balines o de imitación).

Prevención=Bienestar

Ser conscientes de lo que cargan nuestros hijos y alumnos es importante, pero lograr que esa carga sea ligera y (aún mejor) sana, lo es aún más.

Estemos ahí para ellos, conozcámoslos y observémoslos, educando desde valores que los hagan fuertes, trabajando en una alianza casa-colegio que les de seguridad y estableciendo límites amorosos que les den la certeza de lo que se espera de ellos.

¿Queremos seres humanos íntegros, éticos, morales, conscientes, asertivos y responsables de sus acciones?

Empecemos ya a llenar sus “mochilas” de contención emocional, acompañamiento, guía, ejemplo, confianza y amor por sí mismos, por los que los rodean, por su país y por el mundo.

¡ Conócenos ya y descubre por qué nos distinguimos por ofrecer la amalgama perfecta entre excelencia educativa, innovación tecnológica y desarrollo socioemocional!

Alejandra Ruiz S.

                                                                                 Directora General