Usar el error como una oportunidad para aprender: ¿Por qué educar a los niños en la cultura del “not yet”?

Aunque por costumbre la palabra error se asocia casi siempre con algo negativo, lo cierto es que, entendiendo la educación, no nada más como un quehacer meramente académico sino como una tarea cuyo principal objetivo debe ser formar para la vida, este concepto debe ser siempre contemplado como la mejor oportunidad para el aprendizaje.

Cuando fallamos, tenemos la posibilidad de volver a intentarlo con más sabiduría, de abordar los problemas desde otra perspectiva y de recomenzar con muchas certezas que antes no teníamos. Entonces, el error, lejos de representar “el camino a fracaso” se convierte en un verdadero camino al éxito.

¿Equivocarse es igual a perder?

El mayor desatino de la “sociedad perfecta”…

Sin embargo, la parte complicada se presenta, cuando debemos luchar contra creencias heredadas, conceptos erróneos o, lo que es peor aún, mitos aspiraciones que, hoy en día, nos bombardean por todos lados:

profesionistas exitosos, hombres y mujeres de cuerpos “imposibles”, influencers con millones de likes y seguidores, y una cultura que pondera el dinero y el consumismo como fuente de toda felicidad, son sólo algunos ejemplos de la forma en que la sociedad nos “guía” hacia la consecución de esa ilusoria “perfección» como meta de vida, lo que, por supuesto y de manera automática, coloca a todo aquel que “fracasa” en el “lado de los perdedores”.

Pero entonces, si nuestros hijos reciben estos mensajes de manera constante y repetida, ¿cómo podemos ayudarlos a saber que el verdadero éxito sólo puede conseguirse tras equivocarnos una y otra vez para aprender de ello?

Echando a perder se aprende”:

¿Qué dice la ciencia sobre los errores?

Lejos de conceptos como fracaso, falla o caída, la neurociencia, la psicología y la pedagogía, han demostrado ya, que los errores son la clave absoluta de todo éxito y que experimentar y equivocarse son el mejor camino para incorporar nuevos conocimientos.

Estudios como el realizado por la Universidad John Hopkins y publicado recientemente en la revista Science Express, demuestran que cuando aprendemos cosas nuevas tenemos “dos circuitos” en nuestro cerebro: uno que incorpora las nuevas habilidades y otro que procesa las equivocaciones. De esta manera, éste último es el que nos permite aprender más rápido porque funciona como una especie de monitor, que va criticando el aprendizaje, detecta los fallos entre lo que se busca y lo que realmente sucede y los memoriza para utilizarlos en un futuro.

En palabras simples, lo que han concluido los investigadores es que mientras más rápido y más veces nos equivoquemos, más rápido aprenderemos a hacer las cosas y, desde luego, a lograr la maestría en aquellas que nos ayuden a conseguir el éxito en lo que nos propongamos.

Theres no losing, only learning.

Theres no failure, only opportunities.

Theres no problems, only solutions”.

-Pitbull-

La derrota como clave del éxito en la historia

Thomas Edison, Albert Einstein, The Beatles, Walt Disney, Oprah Winfrey o Michael Jordan, son sólo algunos de los nombres más reconocidos en la historia por haber sido rechazados, fallar en sus intentos una y otra vez, o por tener la persistencia y resiliencia necesarias para alcanzar esa “vida perfecta y exitosa” que, aunque hoy la publicidad nos la presenta como algo que “merecemos casi gratuitamente” o “ inmediato de alcanzar”, la realidad es que es producto de un largo camino de intentos, esfuerzo, disciplina y persistencia, que nuestros hijos  y alumnos deben aprender a conocer y ser capaces de transitar.

10 claves para enseñar a los pequeños (y no tan pequeños) a convertir en éxito el error

Lo primero que debemos tener en cuenta es que uno de los mayores miedos del ser humano es el temor a equivocarse y, como padres o educadores, es innegable que, si no somos capaces de dominar esas preocupaciones y cambiar, primero, nuestra propia perspectiva, estaremos en serios problemas para poder ayudar a los más pequeños a “aprender fallando”.

Aunque cierto es que, como bien lo dice Antoni Navío Gámez, doctor en pedagogía y miembro de la Junta de Govern del Col-legi Oficial de Pedagogía de Catalunya (Copec), que no todos los errores son buenos, “la clave está en saber procesarlos, en activarlos, en repensarlos y en saber qué es lo que se puede hacer para no volver a cometerlos o para reconducir esa situación que nos ha llevado a esa equivocación”.

Algunas estrategias que nos ayudarán en este proceso son:

  1. Hablar siempre de los errores en forma positiva y como una fuente de aprendizaje.
    1. Crear un clima de confianza en el que sientan la seguridad de equivocarse y de preguntar.
    1. Darles oportunidades para equivocarse y permitirles experimentar, mostrando sus fortalezas y debilidades.
    1. Ser ejemplo asumiendo nuestros propios errores y haciéndoles frente hasta corregirlos.
    1. Respetar sus decisiones y acompañarlos con amor en las consecuencias.
    1. Educarlos en la perseverancia y la resiliencia.
    1. Enseñarlos a pedir ayuda y a ser tolerantes con su frustración.
    1. Fortalecer su autoestima y confianza en sí mismos reconociendo sus talentos sin exagerar.
    1. Mostrarles cómo vivir el aquí y el ahora desde el agradecimiento y la adaptación al cambio.
    1. Hacerlos sentir aceptados y amados tal y como son.

¡Not yet!: cada intento es un pequeño paso hacia adelante

Además de las estrategias anteriores, una gran manera de ayudarlos a saber que, sin importar cuántas veces se equivoquen, van por el camino correcto, es darles una frase que les muestre que cada día estañan más cerca de lograr la meta:

Not yet! «Todavía no lo logro, pero lo lograré”.

Not yet! “Esta vez me caí, pero la próxima ya sé qué debo hacer”.

¡Not yet! Aún no estoy listo, pero estoy muy cerca”.

Aunque a veces nos cueste, nos duela y hasta nos de miedo ver cómo los hijos fracasan o toman decisiones erróneas, el bien mayor es lograr que se vuelvan mucho más resilientes, perseverantes y felices.

Dejemos entonces el miedo a un lado, permitámonos equivocarnos y que nuestros hijos se equivoquen, y empecemos a ver las infinitas puertas que se abren ante nosotros cada vez que comentemos un error.

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                                                                               Alejandra Ruiz S.

                                                                               Directora General