Sector educativo: ¿El gran rezagado en la historia de la evolución humana?

A raíz de la pandemia el término rezago educativo se ha convertido en un concepto por demás mencionado a todos los niveles: desde pláticas de sobremesa entre amigos o familiares, hasta los más altos círculos políticos y económicos, todos parecen interesarse en qué pasará con las generaciones afectadas por el confinamiento (en lo particular) o en cuál será el futuro de la educación (en lo general).

Aunque cierto es que esta pandemia traerá grandes consecuencias en ese sector, la dura realidad es que, más allá de los conocimientos o habilidades que puedan quedarse atrás, el mayor de sus impactos fue “evidenciar” el estancamiento en el que se encuentra desde hace (por muy exagerado que suene) siglos ya.

Entonces, para quienes nos consideramos apasionados por la educación, si de verdad nos interesa avanzar en este rubro, las interrogantes a las que habría que responder en un principio son: ¿Por qué seguimos replicando modelos arcaicos? ¿Por qué los gobiernos invierten en otras áreas que avanzan al mismo ritmo con el que el mundo cambia, pero no en el sector educativo? ¿Por qué pareciera que sólo en la educación privada puede darse el cambio que se requiere a nivel general (e incluso ahí no siempre, aún cuando haya recursos)? y, lo más importante, ¿Cómo podemos ayudar a generar esa transformación?

El agua estancada… ¿se vuelve veneno?

La tecnología avanza a velocidades vertiginosas, la ciencia lo hace también y poco es ya lo que puede sorprendernos, porque las cosas cambian apenas en un año y a veces en meses o en días: la carrera espacial, la realidad virtual, la inteligencia artificial y la medicina son sólo algunos ejemplos en los que podemos constatar y hasta vivir de cerca esos avances como parte de nuestra realidad cotidiana.

Sin embargo, en términos educativos, aun cuando los paradigmas de los modelos pedagógicos se han tratado de romper infinidad de veces y aunque en ciertos sectores y países se han hecho esfuerzos para integrar la tecnología a las aulas, es claro que hasta hoy la mayoría de esos supuestos cambios no hacen más que replicar (con libros o no, con computadoras o no, con tabletas o no) un molde en el que el profesor sigue siendo el “portador del conocimiento”, desde la cátedra y la “iluminación” y los alumnos meros receptores, repetidores y nunca “aplicadores” (ni mucho menos creadores) de dicho cúmulo de sabiduría.

Phillip B. Crosby dijo El desierto de las organizaciones está cubierto por los huesos de quienes creyeron saberlo todo y dejaron de aprender”.

¿Cuántos huesos más tendremos que ir apilando antes de darnos cuenta de la necesidad imperiosa de cambiar ese molde?

Sin caos no hay cambio y sin cambio no hay evolución: ¡Sí se puede!

La buena noticia es que, a pesar de que tuvo que darse en medio de una vorágine de muchos otros problemas en el mundo, el caos necesario para que el cambio (en primera instancia) y la evolución (como fin mayor) de la educación, puedan y deban darse.

Así como hemos avanzado en el sector salud, por ejemplo (y como podemos apreciarlo en el video adjunto al final de este blog), podemos hacerlo en el rubro educativo; instituciones públicas, gobiernos, ministerios de educación y cultura y la sociedad en general, estamos en el momento perfecto para unirnos, hacer equipo,  compartir ideas, discutir, proponer y ver de qué manera podemos encontrar soluciones para realizar las inversiones de recursos económicos, tecnológicos y humanos que se requieren para llevar a nuestras escuelas un paso más allá y brindar a nuestros niños y jóvenes las herramientas que necesitan para enfrentarse un mundo que hoy ya cambió y que sin duda seguirá transformándose cada día con más velocidad.

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Alejandra Ruiz S.

Directora General

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