Regreso a las aulas y estabilidad emocional: Reconocer, reacomodar, reinventar… ¡Respetar!

A pesar del caos que se ha presentado en diversos estados y escuelas y en medio del mar de emociones que a todos nos invade, a partir del lunes pasado se logró el regreso presencial a clases de (según datos de la Secretaría de Educación) aproximadamente 11.4 millones de alumnos.

Las opiniones encontradas por supuesto existen y los debates no se hacen esperar, pero más allá de las consideraciones que todos hemos hecho, de los puntos a favor o en contra que la medida pueda tener o de lo mucho que falta por hacer para todos los que no pudieron regresar, la realidad es que esos millones de alumnos ya están en las aulas y ahora nos corresponde actuar para que realmente puedan “volver a aprender”.

Regreso a las aulas: ¿La fórmula mágica para la estabilidad emocional?

Entonces… El argumento principal que en el que se ha sustentado la decisión de este regreso, no sólo en México, sino en el mundo en general, es que debemos cuidar la salud emocional de niños y jóvenes priorizando la socialización y la convivencia entre pares y devolviéndoles todo aquello que, en términos de contacto humano, “les robó” la pandemia.

Pero…

¿El sólo hecho de volver al colegio puede garantizar que esto va a suceder? ¿Tendremos niños emocionalmente sanos que aprenden sin problemas? ¿La clases presenciales son la fórmula mágica para reparar la depresión, la angustia, las pérdidas, el aislamiento y en algunos casos, hasta la violencia, que sufrieron durante el confinamiento?

Reconocer, reacomodar, reinventar. ¡Respetar!

Nuestros hijos y alumnos regresan a un mundo diferente y hoy son diferentes: más altos o más flacos, más fuertes o más débiles, más resilientes o más inseguros, más sensibles o más lastimados…

Y no sólo ellos, nosotros los adultos también hemos cambiado, pero lo cierto es que, además de lidiar con nuestros propios cambios, debemos comprender que el primer paso en esta “vuelta a la normalidad” debe basarse en la empatía, el respeto y la paciencia ante el proceso que chicos y grandes debemos vivir para restablecer el “orden” interno y externo al que estábamos acostumbrados.

Por ello, algunas de las cosas que debemos observar en nuestros alumnos y compañeros de trabajo y con las cuales podemos empezar a trabajar para facilitar el regreso son:

  • Emociones encontradas. El mar de emociones en que nos debatimos no es para menos: estamos felices ante los reencuentros, pero con miedo ante posibles contagios; queremos abrazar y besar a los que amamos, pero debemos dar pasos atrás; nos emociona retomar la rutina, pero no sabemos si nuestros “nuevos yo” podrán volver a encajar en ese mundo que a veces se percibe igual que antes y de pronto se siente tan distinto… Reconocer esas emociones y encontrar estrategias para regularlas son un perfecto punto para empezar el proceso.
  • Recuperación de roles. Teniendo en cuenta este caudal de sentimientos, pensamientos e ideas por las que estamos pasando, para algunos, la recuperación del rol que solían tener no es cosa fácil. Quizá el alumno más parlanchín se ha vuelto callado, el mejor deportista tal vez subió de peso, el más afectuoso hoy no puede expresar sus emociones con el contacto físico… La gama de posibilidades es amplia y las herramientas emocionales deben enfocarse, entonces, en ayudar a reacomodar esos roles, desde las habilidades, capacidades y talentos diversos que cada alumno tenía (y fortalecerlas), tiene hoy o puede ir desarrollando.
  • Regreso a la rutina. Podría parecer “de los males el menos” pero retomar una rutina diaria (levantarse temprano, bañarse de mañana, comer a otros horarios, regular el sueño, portar un uniforme, seguir reglas, etc.), para muchos puede representar un fuerte choque que también afecta la estabilidad emocional. Así que reinventarse y reinventar el mundo, volver a construir un esquema de vida organizado y gestionar el tiempo, será vital para que podamos volver a tener alumnos y maestros (y seguramente hasta padres de familia), estables, funcionales y listos para participar al 100% en el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Ningún conocimiento vale sacrificar el proceso emocional de los alumnos:

fortalecer el corazón para un regreso sano.

Por todo lo anterior, colegios, docentes y padres debemos tener la consciencia total de que nuestra primera responsabilidad, hoy (además del cuidado de la salud física, por supuesto), no es recuperar todos los conocimientos que nuestros hijos y alumnos han perdido, ni subsanar el rezago académico de la noche a la mañana, sino enfocar nuestros esfuerzos para fortalecer sus emociones y brindar las estrategias psicoemocionales que cada uno de ellos necesite.

Hay que recordar que el aprendizaje sólo puede darse cuando hay bienestar y emociones sanas y en ese sentido, el respeto a la historia personal, la empatía ante los cambios y la paciencia en el proceso de readaptación (una vez más), deben ser los factores primordiales que moldeen nuestros planes académicos y que ayuden así, a lograr una recuperación rápida y efectiva de los conocimientos que hayan podido perderse en el camino.

Alejandra Ruiz S.

Directora General