Síndrome de Procusto: ¿Cómo impulsar, en vez de atacar, al que sobresale?

De acuerdo con la psicología, el Síndrome de Procusto se da cuando personas, grupos, empresas o incluso sociedades completas, tienden a despreciar a quienes son más hábiles, talentosos o destacados en cualquier ámbito. A veces sucede incluso por el hecho de contar con características diferentes a las “que se espera” y puede estar plagado de odio, discriminación, acoso y violencia hacia quien(es) sobresale(n).

Pero, en una sociedad como la nuestra, cada día más competitiva y en la que se exige que nuestros hijos y alumnos cuenten cada vez con más capacidades (creatividad, originalidad, proactividad, excelencia, productividad y eficiencia, entre otras)… ¿Qué podemos hacer para que destaquen sin ser bulleados por quienes se sienten inferiores, frustrados o sin el control de la situación?

Todos tenemos talentos

Pudiera pensarse que este síndrome sólo se da en los entornos laborales o profesionales, pero lo cierto es que su origen se encuentra en los primeros años de vida de cada individuo y depende, en gran medida, de la manera en la que se vaya formando su personalidad, tanto en casa como en el colegio.

De ahí el importantísimo papel de la educación para educar personas con inteligencia socioemocional, autoestima fuerte y valores sólidos, que sean capaces de descubrir sus habilidades individuales y potenciarlas, al mismo tiempo que reconocen el valor de los talentos de los otros.

Los niños que aprenden que cada quien tiene talentos en distintas áreas y que todos podemos ser “el mejor en algo”, logran conseguir, como parte de un grupo social, un verdadero trabajo en equipo, una convivencia realmente armónica y una búsqueda constante del bienestar común.

Las relaciones entre pares

Si analizamos el caso de un salón de clases “tradicional” no nos será difícil encontrar claras manifestaciones de este síndrome: los “tontos” contra el “nerd”, el atleta contra los “gordos”, los feos/as contra los guapos/as… La gama de ejemplos puede ser tan amplia como la paleta de personalidades que encontremos en el aula y, por supuesto, como grande sea la “crueldad no intencionada” de los niños sin inteligencia socioemocional.

Estas relaciones que se dan entre pares, hasta hace poco, se consideraban “normales” y parte de la forma en que teníamos que ir aprendiendo a percibir y relacionarnos con el mundo.

Por fortuna, la educación ha evolucionado en ese sentido y gradualmente se van incrementando las instituciones que ponderan la sana formación emocional de sus alumnos, incluyendo programas de inteligencia socioemocional y valores y una currícula orientada al desarrollo de todas las dimensiones del ser humano.

¿Y qué papel juega el docente en todo esto?

«Somos diferentes, pero recuerda que un rompecabezas no se arma con piezas iguales”.

Los docentes tienen en sus manos una de las partes más importantes en la erradicación de este tipo de comportamientos, ya que son ellos, como figura de autoridad y modelo a seguir, quienes en primera instancia ostentan el “poder” de mostrar a sus alumnos que todos son iguales y tienen el mismo valor como seres humanos, pero que al mismo tiempo, las habilidades para las que cada uno de ellos es mejor, son lo que le da valor al grupo, que todo va mejor cuando sumamos los talentos y que siempre podemos aprender de los demás.

Juntos somos más fuertes:

hacer de México un país con una tasa CERO de Procustos

Siempre hemos sabido que la sociedad mexicana se caracteriza por su solidaridad, resiliencia y capacidad de ayuda en momentos de crisis. Sin embargo, por triste que suene, sabemos también que esos rasgos no se extienden cuando la cosa se trata de competencias deportivas, crecimiento conjunto o unidad social.

Por ello, la educación mexicana (pública y privada, sin división alguna) tiene la obligación de replantearse sus objetivos inmediatos y de generar un plan, a mediano y largo plazo, enfocado a formar ciudadanos que sepan sostenerse, apoyarse e impulsarse de manera cotidiana y en toda situación, porque sólo cuando los mexicanos comprendamos que el progreso se encuentra en la unión y la suma de talentos y no en la polarización, podremos explotar de verdad todas las virtudes de esa “raza cósmica” de la que alguna vez, nuestro ex Secretario de Educación, José Vasconcelos, habló con tanta pasión, fe y esperanza, plenamente convencido de que somos capaces de hacer de México una de las grandes potencias del mundo.

                                                                                                          Alejandra Ruiz S.

                                                                                                          Directora General