Caída del CI en el mundo: ¿Consecuencia de la pandemia o “enfermedad” previa?

Como todos sabemos, el rezago escolar que trajo consigo la pandemia es una innegable realidad. Sin embargo y sin que resulte sorpresa para nadie, el nivel intelectual de la población venía ya decayendo décadas atrás, como resultado de la “ley del mínimo esfuerzo”, la inmediatez, la “practicidad” y la “desechabilidad” a las que, por desgracia, nos hemos ido habituando como sociedad.

Datos duros (muy duros…)

Según un análisis que el autor y profesor suizo Christophe Clavé, realizó en su libro “Les Voies de la Stratégie” (Los caminos de la estrategia), el coeficiente intelectual de la población mundial, que hasta al menos los años 90 del siglo XX había crecido siempre, ha ido decreciendo notoriamente en los últimos 20 años.

Muchos son los factores a los que podría atribuirse este fenómeno (que parece presentarse en forma más notoria en los países más desarrollados), pero entre todos ellos, Clavé hace especial énfasis en la simplificación del lenguaje y, con ella, la pérdida del pensamiento complejo.

Entre los aspectos más significativos que se destacan en este estudio se encuentran:

  • El empobrecimiento del lenguaje. Cada día vemos más alumnos que utilizan menos palabras para comunicarse, que no saben encontrar sinónimos para formular sus ideas, que prefieren utilizar símbolos para transmitir sus sentimientos y que ignoran el significado de muchísimas palabras que deberían conocer de acuerdo con su edad y grado de maduración. Ese el origen de muchos problemas de comunicación: desde la comprensión de textos o incluso diálogos hablados, hasta el seguimiento de instrucciones que tanto se señala. Y, de acuerdo con Clavé, “no sólo se trata de la reducción del vocabulario utilizado, sino también de las sutilezas lingüísticas que permiten elaborar y formular un pensamiento complejo».
  • La desaparición gradual de los tiempos verbales (subjuntivo, imperfecto, formas compuestas del futuro, participio pasado) que provocan líneas de pensamiento casi siempre limitadas al presente, provocando en el hablante la incapacidad de hacer proyecciones en el tiempo.
  • La eliminación de palabras, mayúsculas o signos de puntuación, por considerarse “prácticas obsoletas”, que lastiman gravemente la precisión y riqueza de la expresión verbal.

¿Qué se concluye entonces? Que entre menos palabras, menos pensamiento y que, sin la mera existencia del pensamiento simple… ¿Dónde quedan entonces, el pensamiento crítico, el análisis, la reflexión y la solución de problemas?

Aunando a esto el Factor Pandemia

Niños y jóvenes sin educación durante casi dos años, la economía del mundo gravemente afectada y una sociedad golpeada por un evento que jamás vio venir…

Hace apenas unos días, la ONU calificó el impacto de la pandemia, en términos educativos, como una “catástrofe mundial”, afirmando que, durante este periodo, 101 millones de niños y jóvenes cayeron a niveles inferiores al mínimo en lo que a comprensión lectora se refiere, anulando así los avances logrados en los últimos 20 años.

¿Cómo enfrentar entonces esta crisis?

Si tomamos como base el análisis de Clavé y muchos otros estudios, que apoyan la relación entre la pérdida del CI y el empobrecimiento del lenguaje, encontraremos entonces que el primer paso para ir dando solución a este alarmante problema es hacer que nuestros niños y jóvenes lean más, escriban más y enriquezcan su vocabulario.

“El diccionario de la Real Academia Española de la Lengua contiene 88 mil palabras. Sin embargo, los jóvenes utilizan frecuentemente unos 300 términos y de ellos, al menos un 35% son groserías y emoticones”.

¿Y cómo lograrlo?

Tips para ayudar a evitar la pérdida del vocabulario

Existen diversas estrategias que ayudarán a nuestros hijos y alumnos (y a nosotros mismos) a conservar y enriquecer el lenguaje. Aquí algunas que pueden ser de utilidad:

  • Leer,leer y después… leer más.
  • Motivarlos a encontrar sinónimos o metáforas para expresar las mismas palabras o frases de una forma diferente.
  • Evitar programas televisivos que lejos de enriquecer el vocabulario lo truncan aún más.
  • Promover visitas culturales en familia.
  • Realizar regularmente juegos de palabras y/o vocabulario.
  • Leer el periódico en familia y en la escuela al menos una vez a la semana.
  • Buscar momentos de convivencia en familia en los que las conversaciones tengan un nivel intelectual elevado (promover la reflexión y el análisis).
  • Obligarlos (y obligarnos) a escribir las palabras completas cuando nos comuniquemos por chat, emails o redes sociales.

Salvando “la mente futura” de la humanidad

Como bien afirmó Rad Bradbury en una de sus más célebres frases: “No tienes que quemar libros para destruir una cultura. Sólo haz que la gente deje de leerlos”.

La lectura es por excelencia el medio más eficaz para adquirir cultura, vocabulario, buena ortografía y ejercitar el pensamiento. Tratemos de volverla un hábito en nuestras escuelas y familias y contribuyamos así, no sólo a seguir evolucionando como raza a nivel intelectual, sino a mantener vivo uno de los aspectos más hermosos que nos diferencia e identifica como seres humanos.

Alejandra Ruiz S.

Directora General