Polarización en la educación: Solos podemos hacer poco, juntos podemos hacer mucho.

Más allá de consideraciones sociales o clasistas, a las que habitualmente alude el término polarización, en lo que respecta a la educación este fenómeno debe analizarse más bien como la consecuencia de diversos factores y situaciones que se presentan de manera interna en los dos pilares que la conforman: la escuela y la familia.

Pero… ¿De qué manera, cuándo y cómo se manifiesta? ¿Cuáles son las repercusiones a corto y largo plazo? ¿Qué podemos hacer para subsanarlo y, en el mejor de los escenarios, erradicarlo de cualquier entorno educativo?

Divide y vencerás… ¿Qué es lo que sucede al interior de las escuelas?

Polarizar es simplemente apostar por la división en vez de buscar el acuerdo, el diálogo y el acuerdo conjunto.

Y en un entorno escolar, como en todo grupo social, la lucha de poderes, la falta de consenso y hasta la violencia psicológica (en lo general y en lo particular), no se hacen esperar.

Dentro de este pequeño universo, donde los intereses diversos de alumnos, profesores, administrativos y padres de familia no siempre se orientan hacia la misma dirección, son diversas las vertientes en las que estos comportamientos se manifiestan y entre ellas podemos encontrar:

  • Etiquetar grupos o alumnos. Sea por su rendimiento académico o deportivo, por su buen o mal comportamiento, por sus habilidades sociales, etc., el hecho es que al “poner etiquetas” sobre los estudiantes automáticamente se promueven la división interna y el conflicto.
    • Divisiones pedagógicas/académicas innecesarias. Los que cursan BI y los que no, los que hablan inglés y los que no, los que tienen “la capacidad para” o lo s que no… Los criterios pueden ser muchos y variados pero, es innegable que la obligación de toda institución educativa es garantizar la misma calidad, los mismos estándares y los mismos resultados para todos sus alumnos y pugnar por la erradicación del rezago educativo buscando las verdaderas (y a veces muy profundas) causas de este problema.
    • Abuso de poder/autoridad. Este es un punto al que hay que prestar la mayor atención, ya que se presenta a todos los niveles dentro de las escuelas (grupos de clase, profesores, administrativos, directivos) y en muchas ocasiones (debido a conceptos equivocados sobre el papel de las figuras de autoridad) puede suceder “casi sin darnos cuenta”. ¿Cómo es esto?

Cuando una figura de autoridad abusa de su poder (para “controlar” a otros o por cualquier otro motivo), permitiendo situaciones de acoso, bullying o incluso simples bromas, en vez de convertirse en un modelo a seguir, que influencia positivamente a quienes lo siguen o están bajo su cargo, automáticamente “da permiso” o aprobación para dichos comportamientos o acciones. En definitiva y de sobra esta decir que, a la larga, quitar ese “permiso explícito” se vuelve una tarea casi imposible.

¿Y en la familia?

Al interior de las familias el panorama no es muy diferente. Los padres representan también modelos, ejemplos a seguir y figuras de autoridad y, en este caso, las situaciones, que pudieran parecer poco importantes al principio, pueden volverse verdaderos dolores de cabeza para todos los miembros. Algunos de los casos más relevantes son:

  • “Hacer equipos”. No hablamos por supuesto de situaciones diseñadas para construir, sino de los casos en los que estos “equipos” se crean para marcar diferencias o exaltar los defectos: hombres y mujeres, tontos y listos, flacos y gordos, guapos y feos, flojos y productivos…

Sea cual fuera la etiqueta que se le de a esos pequeños grupos internos, la exaltación de los defectos, la “unión” para violentar a los otros y, una vez más, las luchas de poder, a corto plazo provocan conflictos y falta de armonía, y a la larga se transforman en creencias imposibles de borrar que trascienden, incluso, a todos los entornos sociales en los que los hijos deban desenvolverse a futuro.

  • Alienación parental. Aunque esta situación se da mayoritariamente en familias separadas o divorciadas, se presenta también en aquellas que se mantienen juntas; comportamientos como “todos contra mamá o papá”, permisos que niega uno de los padres pero que otro otorga (restando autoridad) o la devaluación intencional de alguno de los padres ante los ojos de los hijos, son sólo algunas de las formas en las que podemos apreciar la polarización.

“El valor de una familia no se mide por su numero de miembros, sino por la unión que hay entre ellos”

Cuando polarizamos nadie gana

Aunque en ciertos casos pudiera parecer que alguno de los polos, lados o equipos que participan en este proceso obtienen alguna ganancia personal o grupal, la realidad es que, en mayor o menor medida, la polarización siempre hace daño.

Entre las consecuencias más significativas podemos observar:

Por una formación que logre la cohesión educativa y social

El entorno escolar y familiar entonces, constituyen el semillero de quienes serán los ciudadanos del mañana. Por ello, es preciso buscar estrategias que ayuden a disminuir y, si es posible, eliminar el sentido de división (en todos los aspectos y a todos los niveles) que lastima la identidad, daña la autoestima y sólo ocasiona pérdidas para todos los que se vuelven partícipes de esas dinámicas destructivas.

La obligación de escuelas y padres, al ser los responsables de la formación de niños y jóvenes, por tanto, debe ser pugnar por la unión de todos, favorecer la solidaridad promover la educación igualitaria, apostar por la mediación y la negociación y encausar los esfuerzos hacia la lucha constante por el bien común.

De esta manera, podremos garantizar a corto plazo la cohesión familiar y escolar y en un futuro, no tan lejano como pudiera parecer, la cohesión social que tanta falta hace en nuestro país.

                                                                                         Alejandra Ruiz S.

                                                                                         Directora General