“¡Vete tú a saber cómo le hacen amiga!”…

Captura de pantalla 2018-08-23 a la(s) 08.21.17stas fueron las palabras que escuché un día, en que por circunstancias que en este momento no revelaré, terminé sentada en una mesa de café (de esos de los que hay uno en cada esquina en Santa Fe) y, sin quererlo, acabé también escuchando la plática que las señoras de la mesa de al lado (sin saber, por supuesto, quién era yo), mantenían acaloradamente.

  • “Dicen que en el Mazenod aprenden por proyectos”- afirmaba una.
  • “Y que usan el iPad todo el tiempo”- respondía la otra.

Alguna más se unía a la conversación y añadía: “Sí. Y además dicen que están utilizando un nuevo Modelo Educativo”.

La cuarta mujer en cuestión, que por cierto noté que permanecía callada la mayor parte del tiempo, cuando por fin habló, dijo: “Pues miren amigas, ahí están los hijos de mi prima Bego y lo más sorprendente de todo es que ella dice que ama a su colegio, porque ahí, ¡sus hijos son felices!”.

(Sobra decir que yo estaba cada vez más interesada en la conversación y que cuando escuché ese comentario, quería que mis oídos se extendieran para no perderme ni un detalle de lo que decían).

Lo curioso fue que en ese momento se hizo un silencio total en la mesa. Eran evidentes sus caras confundidas y notoria su dificultad para procesar lo que les habían dicho.

-“¿Pero cómo?, ¿Felices?” Eso no se puede. Es más, aunque se pueda, ¡no sirve!”-comentó la que parecía más confundida de las cuatro.

-“Pues… sólo que les enseñen mandarín, porque todo lo demás es igual en todos lados, ¿no creen?”

-“A mi la verdad no me importa si son felices o no, se trata de que vayan a aprender y de que los eduquen, ¿no?”.

No recuerdo ya lo que dijeron después… Sorprendida, ahora yo, y tratando de asimilar esos comentarios, bebí un sorbo del aromático café que en esos momentos parecía volverse mi compañero y cómplice de pensamientos, cerré los ojos y recordé a mis niños: los vi disfrutando de su clase de coro, creando soluciones con su proyecto de ciencias (en el que además incluyen matemáticas, historia, español y economía); los recordé también argumentando el valor no sólo físico, sino intelectual, emocional y social de practicar un deporte en equipo, los encontré aprovechando al máximo los beneficios de aprender a partir de un modelo que integra, en un mismo nivel de valor y de importancia, todas las dimensiones de su ser y que desarrolla todas las competencias que necesitan para saberse conocidos, reconocidos, capaces, aceptados, respetados, talentosos, creativos y autosuficientes; los vi corriendo, jugando y gritando por los pasillos de un colegio que, más allá de darles la oportunidad de aprender todo eso y crear aún más, les muestra la manera de crecer como ya casi no se ve en este siglo: como seres humanos integrales… Los vi también sonriendo al llegar a su colegio y la sonrisa que entonces se dibujó en mi mente, se hizo evidente en mi rostro cuando al abrir los ojos me encontré caminando hacia la mesa contigua para decirle a mis vecinas:

“¿De verdad todavía no conocen un colegio así? Vengan. Las invito a que vean que si existe”…

Alejandra Ruiz S.

Directora General