Vacaciones: el valor de la convivencia familiar

Las vacaciones están a la vuelta de la esquina y, después de un año de esfuerzos, logros, aprendizajes y grandes experiencias es momento de darnos ese merecido descanso que todos necesitamos.

 

Pero antes de planear cuánto dinero podemos gastar en el viaje a la playa que tanto estamos esperando, antes de empezar a elegir qué maleta llevar para que quepan el iPod, la tableta y la consola de videojuegos o antes de pensar en cuántas fotos vamos a compartir en nuestras redes sociales, es preciso que nos demos un tiempo para reflexionar sobre cuál debería ser el propósito real de este periodo de descanso y, lo más importante, de convivencia familiar.

 

Aprender a estar presentes

Las vacaciones nos dan la oportunidad de pasar más tiempo juntos pero al mismo tiempo, por el cambio de las rutinas establecidas, pueden provocar que se generen diferencias entre los miembros de la familia. Además, los avances tecnológicos y el ruido de todo tipo al que estamos expuestos día a día, nos han llevado a tener dificultades para disfrutar del tiempo de ocio en un ambiente de paz y libre de estímulos exagerados que alteran nuestra capacidad de atención (y de estar realmente presentes).

 

Por ello, es muy importante que busquemos la manera de lograr que el tiempo vacacional sea de calidad y que nos sirva para estrechar los vínculos y reafirmar los valores familiares.

Algunos tips que nos pueden ser de utilidad:

 

  • Elijamos actividades que involucren a todos. Desde un juego de mesa, si nos quedamos en casa, hasta un viaje de exploración en algún destino ecoturístico o exótico, lo importante es que todos los miembros de la familia participen, se sientan útiles, se escuchen, se diviertan, se acompañen y compartan.

 

  • Tratemos de limitar el tiempo de pantalla. No podemos negar que todos estos dispositivos tecnológicos mágicos e irresistibles se han convertido en las mejores nanas de la historia, pero no podemos olvidar que la responsabilidad primordial de los padres es estar presentes para nuestros hijos. Imposible hacerlos sentir amados, escuchados o tomados en cuenta, si los dejamos pasar horas frente a cualquier tipo de pantalla o bien, si somos nosotros quienes no podemos dejar de estar pendientes de la última publicación o chat que nos llegó.

No se trata de prohibir sino de darle un lugar especial a los demás (con mayor razón cuando se trata de nuestros seres más amados).

 

  • Compartir las comidas. Hay un dicho que dice que “la familia que come unida, permanece unida”… No hay mejor momento para comentar, platicar, recordar los mejores momentos del día o compartir alguna reflexión, que cuando comemos juntos. Y si alguna duda nos queda, hagamos una pequeña reflexión y pensemos: ¿cuántas cosas aprendimos de nuestros padres o abuelos sentados a la mesa?
  • Aprendamos juntos a disfrutar del silencio. Ya no sólo se trata de nuestros hijos; nosotros mismos, los adultos del siglo XXI y especialmente los citadinos, hemos perdido la capacidad de disfrutar del silencio.

Hay estudios neurológicos que avalan que el silencio tiene un impacto altamente beneficioso sobre nuestro cerebro y el tiempo de vacaciones es perfecto para empezar a ejercitar nuestra capacidad de disfrutarlo.

Busquemos un lindo lugar para ver el atardecer, un bosque o alguna montaña y sentémonos con nuestra familia a disfrutar de lo que todos nuestros sentidos son capaces de percibir cuando el ruido no puede distraernos.

 

  • Promovamos el amor a nuestro país conociendo destinos nacionales. Es sorprendente la cantidad de mexicanos que no conocen su país. México es una tierra llena de bellos matices, abundantes recursos, hermosos paisajes y gran diversidad biológica y cultural. Aprovechemos nuestro tiempo y dinero para darnos la oportunidad de conocer todo lo que tiene que ofrecernos y contribuir así, al fortalecimiento de la identidad nacional de nuestros hijos, enseñándolos a amar sus propias raíces.

 

 

Lo que se queda en el corazón

Sin importar a dónde fuimos, cuánto tiempo fuimos o si no fuimos, lo valioso es que el tiempo que hayamos invertido en compartir vivencias con nuestra familia es una inversión a largo plazo que se verá multiplicada por mil.

Las memorias, los recuerdos y cada experiencia vivida permanecerá en nuestros corazones por siempre, fortaleciendo los vínculos y los valores sí, pero sobre todo, trascendiendo a través del tiempo cuando nuestros propios hijos formen sus familias y les transmitan las enseñanzas que con amor y paciencia hayamos sabido darles.

 Alejandra Ruiz S.

Directora General