Uniforme escolar: ¿Cuestión de género o de estructura?

Más allá de la polémica controversia que han causado las declaraciones de la actual Jefa de Gobierno y del Secretario de Educación, tanto  las instituciones educativas, como los padres de Familia, debemos preocuparnos y ocuparnos por entender el trasfondo de lo que está pasando y por revisar a profundidad los valores que queremos transmitir a nuestros niños y jóvenes.

¿Cuál es la importancia real del uniforme y qué significado tiene?

Antes de poder siquiera emitir una opinión al respecto de esta decisión, es preciso que retomemos el importante papel que el uniforme juega en la etapa escolar como medio de contención, organización y formación de hábitos, desde las más tiernas edades de los estudiantes.

Entre los aspectos más importantes están:

        • Promueve la IGUALDAD. No desde el malentendido punto de la equidad de género (sobre lo  cual desde el más elemental contexto físico, psicológico y fisiológico, podemos inferir que existe una evidente diferencia entre hombres y mujeres), sino en cuanto a la prevención de la discriminación que puede suponer el uso de determinadas marcas o tipos de vestimenta que podrían “etiquetar” a los alumnos.
        • Crea una IDENTIDAD propia. Ayuda a los alumnos a saberse parte de un grupo social, de una institución o incluso de un país, con valores, creencias y tradiciones propias.
        • Provee COMODIDAD y SENTIDO PRÁCTICO al estar diseñado específicamente para las actividades que los alumnos deben realizar diariamente y evitando conflictos familiares,  de identidad o de mala organización del tiempo al no tener qué elegir cada día qué ropa vestir.
        • Ayuda a la ECONOMÍA FAMILIAR. Habitualmente implica una inversión de una vez al año y evita los gastos excesivos y superfluos.
        • Contribuye a definir una IMAGEN correcta dentro de los estándares que exige el decoro.
        • Promueve la DISCIPLINA al enseñar a los alumnos la importancia de las reglas y normas escolares, cívicas y sociales, ayudándolos a comprender que no en todos los lugares podemos actuar como lo deseamos (hablando de la libertad de elección, también malentendida).
        • Fortalece la SEGURIDAD en los planteles educativos al ser un distintivo único de cada centro escolar.
        • Fortalece el AMOR PROPIO y la capacidad de formar una sana personalidad.

La verdadera discusión debe centrarse en la falta de estructura

No se trata de negar los derechos humanos esenciales ni la igualdad de género en nuestra ciudad, sino de darnos cuenta que esta es una cuestión de ESTRUCTURA BÁSICA.

Nuestra sociedad actual se tambalea en medio del caos político y las desavenencias ideológicas, ¿cómo entonces podemos dejar al libre albedrío de alumnos y familias que no tienen estabilidad ni certeza, la elección de una identidad que tal vez no sea la mejor para un niño?

¿De verdad es una cuestión de igualdad? ¿No deberíamos pensar más bien que la equidad como género humano se fundamenta en el respeto a las diferencias naturales y en la igualdad (real) de oportunidades?

¿Realmente estas medidas acabarán con la violencia de género o es posible que contribuyan a  empeorar el bullying cuando un niño decida vestir falda y sea agredido por ello? (No olvidemos que los niños son los peores y más agresivos jueces).

¿No deberían tener prioridad asuntos como la calidad educativa y la correcta infraestructura de los centros escolares?

Educar se trata de formar y desarrollar la capacidad de decidir asertivamente

Desde el punto de vista jurídico, la mayoría de edad (y con ella la capacidad legal de decidir sobre la propia persona y sobre los asuntos importantes de nuestro país) se otorga a los 18 años y el fundamento de esto se da con base en el crecimiento fisiológico y la maduración psicológica y neurológica de un ser humano en sus distintas etapas de desarrollo.

Partiendo de esta premisa, es inevitable preguntarnos si un niño de 6, 8 o 10 años tiene la capacidad de decidir cuál es la imagen que le corresponde dentro de la sociedad.

Es claro entonces, que tanto las instituciones educativas, como la familia (dese su lugar como parte medular de la sociedad), tenemos el poder y la obligación de formar a nuestros niños enseñando hábitos, reglas y códigos de comportamiento, que les ayuden a crecer como seres humanos íntegros y debe ser nuestro compromiso protegerlos (incluso de sí mismos si es preciso) dándoles la seguridad y contención que necesitan, hasta que tengan una verdadera capacidad de decidir, la cual los hará, finalmente, responsables y dueños de sus vidas.

Alejandra Ruiz S.

Directora General