Recordando en familia a los que ya no están.

Día de Muertos.

Una de las tradiciones mexicanas más importantes que celebramos año con año es el “Día de Muertos”.

Una fiesta en la que preparamos altares y visitamos panteones o iglesias para recordar a las personas queridas que ya no están con nosotros.

Según la tradición las almas de nuestros familiares y amigos que han fallecido regresan estos días para estar con nosotros, para disfrutar de los alimentos y bebidas que colocamos para ellos y para recordarnos que aunque ya no podamos verlos físicamente, siempre están con nosotros si no los olvidamos.

Agradecidos de poder celebrar con LOS QUE ESTÁN por los que YA NO ESTÁN.

Durante estos días hemos realizado diversas actividades  que nos acercan en familia a esta tradición tan importante para nosotros: nuestras ofrendas y altares en cada sección y salones, calaveritas literarias y de azúcar, el concurso de pan de muerto y para cerrar con broche de oro nuestra “Calacarrera  Mazenod”.

Son todas estas cosas que podemos compartir con alegría con nuestros seres amados, las que nos unen como Familia para poder recordar y celebrar con alegría  a todos aquéllos que se nos adelantaron en el camino  y que hoy ya no están con nosotros.

 

“Nadie muere del todo mientras permanezca en el recuerdo de otros”…

Aprovechemos el día de asueto que tendremos en familia para recordar a los seres queridos que se han ido ya.

¡Recordémoslos con alegría! Poniendo una ofrenda o yendo a visitar los lugares en los que reposan. Comamos con ellos, bebamos con ellos.  Escuchemos su música, cantemos con ellos en espíritu.

Platiquemos con nuestros hijos sobre las cosas que hacían sus abuelos o tíos que ya no están, las enseñanzas que nos dejaron, las raíces que nos hicieron lo que hoy somos.

Abracemos sus almas con el abrazo de las nuestras, con  todo el amor que tenemos guardado para ellos desde el día en que partieron.

Hagámoslos vivir a través de nosotros, con nuestra memoria, con nuestro corazón, con nuestro agradecimiento por todo lo bueno que nos dieron en vida,

Dediquemos un poquito de nuestro tiempo para pensar en ellos  y nunca olvidemos que así, mientras los recordemos, permanecerán siempre con nosotros.

CALAVERA AL MAZENOD

 

De un lúgubre cementerio La Calaca ya partía,

se había arreglado el sombrero y el polvo se sacudía.

Muy claro tenía su encargo: ¡Ni a uno vivo dejaría!

Sabía que en el Mazenod una gran fiesta se urdía.

 

Cuando a las puertas del Cole, sus paso fueron a dar

Alberto  con rostro adusto la lista le hizo firmar,

Martín  más que asustado ágilmente abrió la puerta

y cuando entró en recepción Clarita se hizo “la muerta”.

 

Cuando siguió su camino encontró al prof. de deportes,

que del susto la mandó  ¡derecho por un reporte!.

Así fue como la flaca con Anayansi llegó

Y ésta, al verla en su oficina, ¡Qué barbaridad!- gritó.

 

Al ver que en ese lugar ya nada conseguiría

se fue a recorrer primaría, a ver a quién se torcía.

Adri, Lilia y Maribel ni siquiera la miraron

y en el salón de Milena la puerta le clausuraron.

 

Cuando frustrada “La Muerte” con Roberto se encontró

hasta la sonrisa al profe del rostro se le borró ,

su profunda cabellera se tiñó de blancas canas

y sólo atinó a decir : “¡Mejor regresa mañana!”

 

La Parca ya no sabía si sonreír o llorar

“A este paso- se dijo- a nadie voy a ultimar”.

Triste y desilusionada continúo con su camino

Y llegó hasta una oficina que parecía su destino.

 

 

En la puerta claramente “Transporte” decía el letrero,

nada más y nada menos que la oficina de Vero.

La flaca muy presurosa la puerta tocó y tocó

pero Vero muy tranquila pronto le notificó:

“¡Si no me traes tu permiso, ni difunta te abro yo!”.

 

Después de tantos esfuerzos y ya que nada lograba

hacia prescolar “La Flaca” sus pasos encaminaba.

En el camino encontró a Chío, a Caro y a Horte,

pero nadie la atendió , saltaron como resorte.

 

En preescolar no vio a nadie pues a esa hora junta había

y “La Muerte” presintió que a Ale Ruiz encontraría.

Su secretaría le dijo: “Hoy no te podrá escuchar,

la Carrera Mazenod tenemos que organizar”.

 

“La Parca” de tanta “muina”, sus palabras no atendió

y tronando los huesitos por la puerta se coló.

Con tantos preparativos Ale estaba alborotada

Y a la pobrecilla “Flaca” ni siquiera la miraba.

 

La pobre “Muerte” agotada no encontraba solución

“No me queda más remedio: ¡¿Dónde pago mi inscripción?”.

Cuando el gran día llegó, todos ganar esperaban

y más rápido corrían “pa’ que” no los alcanzara.

 

Cuando a la meta llegó, tanto se había ya cansado

que cuando cuenta se dio ¡todos se habían ya marchado!.

Al saber que en este día había sido derrotada

sin preocuparse  pensó: ¡Ya los veré en la posada!