¿Por qué debemos DESCONECTAR el celular para RE-CONECTAR con nuestros hijos?

“Espera un momento, ya casi termino”, “Dime, yo te escucho”, “Sólo contesto esto y te atiendo”, ”Me llama fulanito(a), es importante (¿más importante que tú?)”…

La escena es clara para todos: una persona, detrás de un celular que (aunque diga e incluso crea lo contrario) dice que le pone atención a otra cuando no es así.

Pero, más allá de la gravedad social o del conflicto entre adultos que esto pudiera causar, ¿qué pasa cuando esa persona que demanda nuestra atención es el pequeño hijo que necesita sentirse amado y escuchado y para quienes somos ejemplo?

¿Y cuando es el, ya no tan pequeño, adolescente que reclama ser escuchado porque tiene un verdadero problema (el cual además no sólo requiere de nuestro ejemplo aún mas que el pequeño, sino que además ya nos enfrenta con la consciencia de que no podemos exigirle que se comporte de manera diferente a la que lo hacemos nosotros?

La invasión de los dispositivos electrónicos y la desvinculación familiar

Hablar del papel de los dispositivos electrónicos como elementos clave en la desintegración de las familias no es algo que debamos tomar a la ligera.

Cierto es que la tecnología ha llegado a facilitar, complementar y llenar nuestra vida de soluciones y alternativas, pero lo ha hecho de manera tan rápida y voraz que al mismo tiempo, ha invadido brutalmente nuestra esencia humana, nuestra intimidad, nuestras familias y nos ha separado de los otros. Ha fracturado la parte más importante de nuestro ser social, que es vincularnos con los otros (porque hay que dejar claro que tener 1500 amigos en Facebook y otros tantos en Instagram no es tener amigos ¿o sí?).

El efecto de la invasión electrónica en niños y jóvenes

Por desgracia, esta pérdida de uno de los aspectos más importantes que nos caracterizan como especie humana, está empezando a mostrar fuertes y, tristemente, graves efectos en nuestros hijos y alumnos y debemos empezar a preguntarnos hasta qué punto, como adultos, estamos siendo responsables de ver generaciones que:

  • Tienen severos problemas de conducta.
  • Muestran una gran adicción por los dispositivos electrónicos similar a la que produce cualquier tipo de droga).
  • Están terriblemente sexualizados desde muy pequeños y perdiendo la noción de la realidad con todo lo que ven (en los casos más graves pornografía como algo habitual).
  • Su rendimiento escolar disminuye de manera cada vez más marcada.
  • Han normalizado la violencia verbal (y el uso del lenguaje vulgar y soez) y física.
  • Muestran desinterés ante casi todo.
  • Tienen graves problemas de ansiedad, depresión y otros trastornos emocionales.
  • Su salud física se está viendo afectada porque no duermen y en ocasiones tampoco comen o lo hacen mal.
  • En el peor y más extremo de los casos, están aumentando los suicidios a cortas edades.

¿Monkey see, monkey do?

Negar, entonces, esa responsabilidad de la que hablamos nos corresponde como adultos responsables, no es una opción. No podemos dejar pasar un momento más sin tomar cartas en el asunto y debemos empezar a actuar para ayudar a nuestros hijos y alumnos a recordar que lo más importante es el contacto humano, las conversaciones, el intercambio de ideas, la expresión de los sentimientos y la convivencia en familia y entre amigos; especialmente porque ese vínculo es la única arma que puede salvarlos de la deshumanización, la falta de valores y los conflictos de identidad que están viendo y viviendo.

La vinculación con los dispositivos o con la ya tan real inteligencia artificial, sólo es el resultado de esta falta de vínculos humanos a la que hemos llegado, por lo que algunos puntos los que tenemos que empezar desde ya, son:

  • Seamos ejemplo. Apaguemos el celular o al menos pongámoslo lejos de nosotros cuando estamos con otras personas (no basta con voltearlo sobre la mesa o sostenerlo apagado en la mano, sigue siendo un intruso cuya presencia no se aleja jamás). Si nuestros hijos ven que pasamos el día entero pegados al teléfono o que no les ponemos atención cuando nos hablan, ¿no es lógico que piensen que eso es lo natural y que crezcan así?
  • Demos a nuestros hijos sólo las herramientas que realmente necesiten. Un niño de primaria requiere una herramienta tecnológica para cumplir con sus labores, pero ¿un celular? o lo que es peor, ¿el último modelo o el más caro? Seamos padres congruentes con la edad y las necesidades reales de los hijos.
  • Delimitemos horarios y espacios para el uso de dispositivos electrónicos. No sólo es importante que los niños sepan que hay tiempos y espacios para todas las actividades que les ayudarán a tener una vida sana, sino que debemos gestionar lo que ven, lo que hacen y sobre todo: ¿Con quién hablan?
  • Conectemos con ellos. Escuchemos, preguntemos, compartamos juntos. Hablemos con ellos y hablemos viéndolos a los ojos, no hay nada más importante para un ser humano que poder ver “algo” en los ojos de otro y no existe comunicación efectiva si no miramos a la persona con la que hablamos. Tengámoslo presente.

¿Y los colegios?

¿Cómo integrar la tecnología en la escuela sin perder la parte humana?

Los colegios tenemos una responsabilidad igual de importante que la de la familia en cuanto a este asunto se refiere, ya que aunque  la tecnología se ha convertido en un aspecto esencial y necesario en el desarrollo académico de nuestros niños y jóvenes, debemos recordar que ésta sólo debe cumplir el papel de una herramienta que les ayude a potenciar sus capacidades, a incrementar su creatividad y a facilitar el autoaprendizaje.

Por ello, es necesario que en el entorno escolar se lleven a cabo algunas acciones fundamentales en este sentido, como:

  • Establecer políticas claras en cuanto al uso de los dispositivos (tiempo de uso, dispositivos gestionados por los colegios, restricciones a sitios, páginas y aplicaciones específicas, etc.) para que los alumnos aprendan a ver y a usarlos de esta manera y para que desde pequeños adquieran las bases de la ciudadanía digital que necesitan.
  • Capacitar a los docentes en aspectos académicos y humanos.
  • Promover el trabajo en equipo y la convivencia social entre los alumnos.
  • Fortalecer los valores espirituales y morales.
  • Fomentar la convivencia familiar en eventos escolares.
  • Consolidar la alianza familia-colegio y levar la participación en la escuela para padres.

Martin Luther King decía: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”. 

No hacer nada ante problemas tan preocupantes como los que estamos viendo en niños y jóvenes, es el equivalente a quedarnos callados.

Así que, la próxima vez que nuestros hijos o alumnos (o cualquier otro ser humano) nos pidan atención, recordemos que, al decidir ser padres o al haber elegido el camino de la educación como nuestra misión de vida, aceptamos la responsabilidad de ser guardianes, protectores y mentores de las almas y los corazones que en un futuro cercano serán quienes lleven las riendas del mundo porvenir. En nuestras manos (y con sólo oprimir un botón) está la solución.

Alejandra Ruiz S.

Directora General