Navidad, tiempo de hacer una pausa…

¿Por qué necesitamos poner pausa?

Ni bien terminamos de celebrar el día de Muertos, empezamos a ver y a oír un sinfín de cosas que nos recuerdan que Navidad ya está muy cerca; que diciembre (el mes de celebrar, de cerrar ciclos y de evaluar lo que hemos vivido y construido durante todo un año) está a la vuelta de la esquina.

Y antes de que podamos darnos cuenta, en medio de la maraña de preocupaciones, ocupaciones e ideas mil que traemos en la cabeza; entre las responsabilidades del trabajo, de la familia, de las facturas, de las obligaciones, de los planes, de la prisa y del tráfico que cada día es más, resulta que ¡ya llegó!

Por todos lados nos dicen que Navidad es tiempo de amar, es tiempo de paz, es tiempo de dar, de cambiar, de celebrar, de compartir, alegría y de fe.

Y todo eso es cierto. Pero creo también que está Navidad, la Navidad de la Familia Mazenod, deber ser tiempo de hacer una pausa.

Hacer la pausa física que necesitamos para amar y valorar nuestro cuerpo, para agradecer la salud que tenemos o recuperar la que hemos perdido, para descansar de verdad y cargar baterías y así poder iniciar un nuevo ciclo con el 200% de entusiasmo, con nuevas ideas, con nuevos proyectos personales y familiares, y con el genuino y absoluto propósito de ser mejores.

Hacer la pausa mental que nos hace falta para conectarnos con nuestros verdaderos deseos e ilusiones, para reflexionar sobre el valor de lo que hacemos día a día, para encontrar que la verdadera riqueza de la vida se encuentra justamente ahí, en nuestro quehacer diario, en los momentos que compartimos con nuestros hijos y con nuestros esposos o esposas. En las cosas que hacemos a cada instante con la conciencia plena, con toda nuestra atención y nuestros sentidos puestos en el presente, sabiendo que eso que hacemos, vale la pena.

Hacer, también, la pausa espiritual que conlleva este tiempo de preparación, de renovación de la fe y de unión familiar. Esa pausa que tal vez nos ayude a sanar el alma, a aprender a entregarnos a los demás con más amor y con más alegría, a ver al otro con distintos ojos, a valorar la bendición que es tener una familia con la cual y por la cual vivir, a abrir realmente el corazón y regalarlo con la convicción de que ese es el verdadero ejemplo que Jesús quiere derramar en nuestros corazones cada vez que recordamos su nacimiento.

Dejando de ser tazas para ser tazones renovados

Según la teoría de las 4 tazas, estamos tan inmersos en lo que nos ocupa la mente, que no nos damos cuenta de que hemos dejado de estar en el presente para todo aquello que nos rodea y necesita de nuestra conciencia plena y de toda nuestra atención: nuestra familia, nuestros amigos, nuestros proyectos, ¡nuestra vida!

Así que esta Navidad también puede ser momento de hacer una pausa y convertirnos mejor en hermosos tazones:

Tazones grandes y abiertos, dispuestos a llenarse de experiencias, de emociones, de alegría y de aprendizaje. Decididos a apagar el “mitote” que no nos deja estar, ni ver, ni oír a quien nos necesita (y de paso también, apagar el teléfono para poder tener una conversación real con la gente real que nos rodea).

Tazones colmados de cosas para dar, pero con espacio suficiente para recibir a los demás. Para oír lo que nuestros hijos o amigos necesitan, para aprender de todo y de todos cada día. Para saber ver las inquietudes o angustias de cada persona que nos importa y de los que nos son desconocidos también, ¿por qué no?.

Tazones sin grietas, ni roturas, que sepan contener, que sepan escuchar y que sepan compartir con sus familias, con los compañeros de trabajo y sobretodo dispuestos a dar la atención, protección, confianza y seguridad que nuestros hijos necesitan.

Tazones que sepan convertir el veneno o el vinagre en la miel más dulce, que saquen lo mejor de cada situación, que transformen cada enojo en una sonrisa, cada error en un aprendizaje y cada reto en una oportunidad.

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Haciendo una pausa para agradecer

El Papa Francisco nos invita a recibir a Jesús en silencio, sin tanto ruido, ni grandes celebraciones y para poder hacerlo, debemos tener corazones llenos de amor y de paz, corazones satisfechos de sus acciones, corazones sensibles que se saben dar, corazones agradecidos por lo que tenemos.

Tenemos miles de motivos hoy y cada día para dar gracias: nuestra familia, nuestro colegio, nuestros hogares, las risas, alegrías, momentos y experiencias que compartimos con los que amamos, las bendiciones de las que podemos disfrutar, ver el esplendor del amanecer o sentir el frío que nos hace saber que estamos vivos…

Hagamos de esta Navidad ese momento de descanso, pausa y reflexión que Dios nos pide para que nuestros corazones se fortalezcan, nuestra fe se renueve y nuestra vida se llene del sentido humano que nos identifica como Familia Mazenod.

Alejandra Ruiz S.

Directora General