Mochila segura: ¿Realmente sabemos qué “cargan” nuestros hijos?

 

La tragedia sucedida el pasado viernes en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila, , es un hecho que, como Familia Mazenod, nos entristece, nos preocupa, nos ocupa y nos recuerda la importancia de trabajar en equipo por el bienestar y la seguridad de nuestros hijos.

Un acto así, es el resultado de un largo proceso, de circunstancias y situaciones que los estudiantes viven y, que si estamos atentos a las señales y fortalecemos los vínculos de confianza con ellos, puede evitarse.

La violencia, la ira, el descontento, la tristeza, la soledad y la larga lista de sentimientos y pensamientos negativos que un niño o adolescente va acumulando en forma silenciosa, van encendiendo señales de alarma que debemos ser capaces de detectar, prevenir y en su caso, solucionar para evitar llegar a situaciones irremediables.

Como padres, formadores y modelos a seguir, es nuestra obligación saber qué es lo que nuestros hijos cargan en sus “mochilas” (físicas y emocionales) y ser conscientes también, por difícil que sea, de que mucho de lo que llevan, es lo que nosotros hemos puesto ahí.

 

El papel de los videojuegos de rol y la violencia

Afirmar categóricamente que la tragedia sucedida en Torreón es consecuencia de la cantidad de juegos violentos (como Natural Selection o Fornite) o de las películas y/o documentales que tienen a su alcance (como Bowling for Columbine y otros tantos) y a los que están expuestos nuestros niños y jóvenes, sería negligente y, en todo caso, una salida fácil al tema de fondo que está implícito en esta triste situación.

¿Que todos ellos están plagados de armas, misiones asesinas y escenarios de muerte y destrucción? Cierto. ¿Que pueden ser fuente de inspiración para replicar conductas increíblemente violentas y desatar consecuencias como las que, por desagracia, estamos viviendo? Cierto también.

 

Pero no podemos mirar hacia otro lado cuando se vuelve evidente el rol (y en este caso no es un juego) que la sociedad desempeña en esto.

No podemos culpar a un pequeño, victima del abandono, del rechazo y del bullying, por lo que una sociedad entera ha generado.

No tenemos el derecho de sentirnos inseguros como docentes en las escuelas, si no hemos podido (o no hemos querido) ver la tristeza, la desesperanza, la angustia y la desesperación en las actitudes y comportamientos de nuestros alumnos.

No podemos evadir nuestra responsabilidad como padres, si no estamos vigilando qué hacen, cuándo lo hacen, con quién lo hacen, por cuánto tiempo lo hacen y lo más importante, por qué lo hacen.

Y mucho menos podemos levantar una bandera de inocencia, cuando les damos recursos ilimitados para ser parte de eso y mantenerlos ocupados (porque “nosotros también tenemos derecho a descansar y a tener nuestros espacios ¿o no?”).

 

¡No señores! ¡No! De lo que no tenemos derecho es de pensar que nuestro papel como padres o adultos responsables termina cuando queremos descansar o distraernos. Porque como padres, tutores o maestros decidimos, elegimos y aceptamos la obligación y la responsabilidad de ver por nuestros niños y jóvenes en todo momento. Y somos todos, como sociedad, quienes tenemos que empezar a revisar qué nos está pasando y primordialmente, qué es lo que podemos hacer para empezar a remediarlo.

 

 

Focos rojos… ¿Cómo detectarlos?

Hay diversas señales que nuestros hijos nos envían cuando algo no está bien en su universo: conductas o comportamientos fuera de lo normal, actitudes violentas o de indiferencia, cambios en sus hábitos o intereses. Situaciones que pueden ser realmente alarmantes o en ocasiones tan sutiles que es casi imposible notarlas.

Lo importante es que nuestros vínculos con ellos sean fuertes que esos indicadores, señales, y conductas o factores de riesgo, nunca pasen desapercibidos.

 

Algunos de estos factores son:

  1. Fracaso o deserción escolar.
  2. Abandono de amistades o intereses (por ejemplo un hobbie o deporte que antes disfrutaban mucho).
  3. Aislamiento y adicción a videojuegos violentos.
  4. Maltrato a los demás, comúnmente a hermanos o amigos.
  5. En casos más graves, manifestaciones de crueldad hacia seres más vulnerables.
  6. Constante búsqueda de situaciones de peligro o de conductas de alto riesgo.
  7. Búsqueda de información” o material inadecuado en internet o redes sociales.

 

¿Cómo saber cuál es la causa?

Son muchas las razones que pueden desencadenar estos graves problemas en nuestros hijos, pero definitivamente el factor clave en la mayoría de los casos es que ellos se sienten “invisibles”, por ello es de vital importancia hacerles saber que siempre estamos para ellos, que tenemos tiempo y voluntad para escucharlos, que son importantes para nosotros y que, sin importar qué, su casa y su colegio son los lugares más seguros que pueden encontrar.

Otras causas importantes son:

  • Rechazo afectivo.
  • Sentimientos de abandono o de soledad.
  • Falta de atención.
  • Falta de límites.
  • Carencia de un modelo a seguir.
  • Cero tolerancia a la frustración.
  • Exceso de uso de redes sociales, videojuegos y/o plataformas de streaming como Youtube, Netflix o Prime.
  • Exceso de bienes materiales de acuerdo a su edad.
  • Familias ausentes (por negligencia o descuido).
  • Familias y/o amistades tóxicas (con altos grados de violencia, abuso físico o emocional, maltrato, adicciones o autodestructivas).

 

¿Cómo solucionarlo?

Afortunadamente, así como son muchas las causas que encontramos, también son muchos los factores de prevención, protección y/o solución a estas preocupantes conductas, es por eso que es importante que como padres, seamos constantes y amorosos y llevemos a cabo las siguientes estrategias:

 

  • Hacer saber a nuestros hijos que son amados, vistos, escuchados y tomados en cuenta a cada momento.
  • Promover la convivencia familiar sana, buscando actividades que todos disfruten y brindando tiempo de calidad.
  • Construir y fortalecer vínculos de amor y confianza con ellos.
  • Acompañarlos en cada parte de su desarrollo físico y emocional (identificando las características de cada etapa para poder notar cualquier indicador fuera de lo común).
  • Mantener una comunicación abierta y efectiva con ellos. Hablar menos y escucharlos más.
  • Evitar cualquier tipo de violencia en casa.
  • Hacerlos responsables de sus cosas y de su persona.
  • Limitar el uso de dispositivos (no darles más que lo que de verdad sea necesario), establecer reglas para el uso de la tecnología y supervisar continuamente el uso de redes sociales, internet, videojuegos y plataformas de
  • No darles más dinero en efectivo del que necesitan.
  • Recordar que la revisión de mochila empieza desde casa.

 

 

Claro es que siempre será difícil aceptar que tenemos problemas en casa o en la familia, pero es preciso darnos la oportunidad de pedir ayuda siempre que pensemos que sea necesario, buscar asesoría psicológica, asistiendo a grupos de apoyo entre padres y participando de manera activa en las actividades, conferencias, talleres y escuela para padres que ofrece nuestra institución.

Debemos seguir cerrando filas y fortaleciendo nuestra alianza padres-colegio y reforzando la formación en valores que vienen desde casa.

Recordemos que es sólo desde esos valores y del establecimiento de límites amorosos, que podemos tener la seguridad de que estamos ayudando realmente a nuestros hijos a desarrollarse como seres humanos íntegros, éticos, morales, conscientes, asertivos y responsables de sus acciones.

 

 

 

Alejandra Ruiz S.

                                                                                               Directora General