Mochila ligera, niño seguro.

¿Cómo construir a partir de una tragedia?

Es imposible permanecer indiferentes ante los hechos de violencia sucedidos en Monterrey de los que ya todos hemos oído hablar hasta el cansancio.
Como Familia Mazenod, lo que debe importarnos en este momento es el cómo podemos construir y no destruir a partir de esta tragedia.


Un acto así, es el resultado de un largo proceso, circunstancias y situaciones que los estudiantes viven y, que si estamos atentos a las señales y fortalecemos los vínculos de confianza con ellos, se puede prevenir.
La violencia, la ira, el descontento, la tristeza, la soledad y la larga lista de sentimientos y pensamientos negativos que un niño o adolescente van acumulando en forma silenciosa y que debemos ser capaces de prevenir, detectar y en su caso solucionar para evitar llegar a situaciones irremediables.
Como padres, formadores y modelos a seguir, es nuestra obligación saber qué es lo que nuestros hijos cargan en sus “mochilas” y ser conscientes también, por difícil que sea, de que mucho de lo que llevan, es lo que nosotros hemos puesto ahí.

Banderas Rojas. ¿Cómo detectarlas?
Hay diversas señales que nuestros hijos nos envían cuando algo no está bien en su universo: conductas o comportamientos fuera de lo normal, actitudes violentas o de indiferencia, cambios en sus hábitos o intereses. Situaciones que pueden ser realmente alarmantes o en ocasiones tan sutiles que es casi imposible notarlas.
Lo importante es que nuestros vínculos con ellos sean fuertes que esos indicadores, señales, y conductas o factores de riesgo, nunca pasen desapercibidos.

Algunos de estos factores son:
1. Fracaso o deserción escolar.
2. Abandono de amistades o intereses (piano, baile, fútbol, pintura, etc.).
3. Maltrato a los demás, comúnmente a hermanos o amigos.
4. En casos más graves, manifestaciones de crueldad hacia seres más vulnerables.
5. Constante búsqueda de situaciones de peligro o de conductas de alto riesgo.
6. Búsqueda de información” o material inadecuado en la internet de manera constante o permanecer en las redes sociales por largos periodos.

¿Cómo saber cuál es la causa?
Son muchos las razones que pueden desencadenar estos graves problemas en nuestros hijos, pero definitivamente el factor clave en la mayoría de los casos es que ellos se sienten “invisibles”, por ello es de vital importancia hacerles saber que siempre estamos para ellos, que tenemos tiempo y voluntad para escucharlos, que son importantes para nosotros y que, sin importar qué, su casa y su colegio son los lugares más seguros que pueden encontrar.

Otras causas importantes son:
• Educar a partir de nuestras culpas y permitir que éstas dirijan la manera en la que formamos a nuestros hijos.
• Rechazo afectivo.
• Sentimientos de abandono o de soledad.
• Falta de atención.
• Falta de límites.
• Carencia de un modelo a seguir.
• Cero tolerancias a la frustración.
• Exceso de bienes materiales de acuerdo a su edad.
• Familias ausentes (por negligencia o descuido).
• Familias y/o amistades tóxicas (con altos grados de violencia, abuso físico o emocional, maltrato, adicciones o autodestructivas).

¿Cómo solucionarlo?
Afortunadamente, así como son muchas las causas que encontramos, también son muchos los factores de prevención, protección y/o solución a estas preocupantes conductas, es por eso que es importante que como padres, seamos constantes y amorosos y llevemos a cabo las siguientes estrategias:

• Hacer saber a nuestros hijos que son amados, vistos, escuchados y tomados en cuenta a cada momento.
• Promover la convivencia familiar sana, buscando actividades que todos disfruten y brindando tiempo de calidad.
• Construir y fortalecer vínculos de amor y confianza con ellos.
• Acompañarlos en cada parte de su desarrollo físico y emocional (identificando las características de cada etapa para poder notar cualquier indicador fuera de lo común).
• Mantener una comunicación abierta y efectiva con ellos. Hablar menos y escucharlos más.
• Evitar cualquier tipo de violencia en casa.
• Hacerlos responsables de sus cosas y de su persona.
• Establecer consecuencias claras para sus acciones.
• Ayudarlos a ser tolerantes ante la frustración.
• Limitar el uso de dispositivos (no darles más que lo que de verdad sea necesario), establecer reglas para el uso de la tecnología y supervisar continuamente el uso de redes sociales e internet.
• No darles más dinero en efectivo del que necesitan.
• Recordar que la revisión de mochila empieza desde casa.

Finalmente, siempre será difícil aceptar que tenemos problemas en casa o en nuestra familia, pero es preciso darnos la oportunidad de pedir ayuda siempre que creamos que es necesario, buscar ayuda psicológica, asistiendo a grupos de apoyo entre padres, participando de manera activa en las actividades, conferencias, talleres y escuela para padres que ofrece nuestra institución.
Debemos seguir cerrando filas y fortaleciendo nuestra alianza padres-colegio, así como la formación en valores que vienen desde casa, porque es la única manera en la que podemos darles seguridad y ayudarlos
realmente a desarrollarse como seres humanos íntegros.

Alejandra Ruiz S.
Directora General