Las claves del liderazgo: Temperamento, carácter y personalidad.

Desde hace algunos años el tema del liderazgo en la educación, especialmente en los niveles medio y superior, es una asunto de moda, de supuesta innovación y hasta de marketing.

Pero, ¿nos hemos preguntado si el enfoque que se le ha dado a este aspecto de extraordinaria relevancia en la formación de nuestros niños y jóvenes es el adecuado?

¿Ser líder o ser jefe?

Hoy en día, después de que, tanto universidades de prestigio, como diversos programas de liderazgo han empezado a analizar los resultados de la aplicación de sus metodologías en el mundo real, es un factor común encontrar jóvenes que, al haber sido parte de estos proyectos educativos, sienten que tienen garantía de llegar al mercado laboral o profesional a ser jefes y proclaman al mundo que tienen la capacidad y el derecho, no de solucionar problemas o encontrar soluciones, no de guiar a un equipo y trabajar con él para innovar y ver hacia el futuro, y no de ser verdaderos agentes de cambio de la sociedad en la que viven, sino de poseer una oficina deslumbrante, un titulo pomposo y un suelo exorbitante por el simple hecho de haber sido educados para ser “los líderes que el mundo necesita”.

Nada más alejado de la realidad. El verdadero liderazgo implica seres humanos preparados para motivar y no para mandar, para ser útiles al equipo y no para exigir, para inspirar respeto y no para humillar o crear miedo, para otorgar libertad y autonomía y no para ordenar, controlarlo todo y buscar culpables.

Los verdaderos líderes son humildes de corazón, pero con una mente segura, disciplinada y responsable; dispuestos a remar a la par (o incluso más) que los demás y capaces de asumir sus errores, de delegar con seguridad y confianza y de reconocer las iniciativas, las ideas, los talentos y el esfuerzo de quienes los siguen y creen en su visión.

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Los grandes líderes: ¿Han desaparecido?

Pareciera entonces que los grandes líderes ya no existen o que se han convertido en una especie en extinción (cosa curiosa si regresamos hecho de que supuestamente ahora hay tanta oferta de formación para el liderazgo ¿no?), sin embargo el problema no radica en el tema sino en el enfoque.

La esencia del liderazgo efectivo subyace en tres grandes claves que parecen haber sido olvidadas y sustituidas por modelos que ponderan la capacidad de organización y mando o las figuras de autoridad dictatoriales por encima de la raíz medular que constituye al verdadero líder: la humanidad.

El temperamento, el carácter y la personalidad

Indudablemente, el factor determinante que distingue a los grandes líderes es su capacidad para inspirar a otros.

Pero, ¿en qué reside el hecho de que algunas personas sean inolvidables, motivadoras o dignas de ser escuchadas e incluso obedecidas ciegamente por los demás?

La respuesta, según los expertos e investigadores del tema (disciplina que hoy conocemos como caracterología), está en el temperamento, el carácter y la personalidad única que conforma a cada ser humano.

Nacemos con un temperamento, heredado a través de los genes y del que no podemos dividirnos,; adquirimos un carácter a lo largo de la vida, a partir de la crianza y de otros factores sociales; y construimos una personalidad que se convierte en nuestro sello personal y que nos lleva a posicionarnos, así de simple, como líderes o en seguidores, casi sin ser conscientes de el rol que elegimos.

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El papel de las instituciones educativas en la formación de líderes reales y positivos

Nuestro país, así como tantos otros países del mundo, está plagado de gobernantes, dirigentes y “mentes maestras” que deciden la vida y el rumbo de la sociedad, pero la carencia de seres que sepan guiar, inspirar y dirigir es evidente.

Entonces, si conocemos ya las claves para desarrollar el liderazgo efectivo, las instituciones educativas debemos poner especial atención en el desarrollo de las competencias y habilidades que, ahora sí, los líderes en potencia que pueblan nuestras aulas necesitan y aplicar las estrategias necesarias para que dichas capacidades empiecen a desarrollarse desde el primer instante en que los pequeños se integran a nuestros modelos educativos.

En nuestras manos está, mediante la mejor arma, que es la educación, el poder de moldear el porvenir de nuestra sociedad, conociendo a cada uno de nuestros alumnos, detectando a tiempo sus talentos y habilidades, formando sus mentes y alimentando sus corazones y promoviendo programas que real y seriamente impulsen el liderazgo asumiendo así, el compromiso que tenemos con las sociedad de hoy y con el mundo del mañana.

Alejandra Ruiz S.

Directora General