La relación mente-cuerpo: ¿Cuál es su importancia en la educación?

A través de la historia, las grandes culturas de la antigüedad dejaron claro que los seres humanos no somos sólo materia, sino que nuestro desarrollo, nuestras acciones y sobre todo, nuestra salud, se ven profundamente influenciadas también, por los diversos campo energéticos con los que nos relacionamos (partiendo de la propia energía y su interacción con las demás) y por la profundidad espiritual que alcancemos al aprender a conocer y observar nuestro propio ser.

En la actualidad, la neurociencia corrobora cada vez más la validez de estas teorías y nos demuestra que, comprender, entender y modificar la manera en la que nuestra mente se relaciona con el cuerpo es de suma importancia para la educación de nuestros niños y jóvenes, especialmente si consideramos que el objetivo primordial de nuestra labor, debe ser la formación de seres humanos realmente íntegros.

¿Mente sana en cuerpo sano?

Esa interacción que se da, a diversos niveles en nuestro cuerpo, la relación que existe entre las emociones y las enfermedades físicas y mentales, la forma en la que nos afectan los campos magnéticos y la radiación (ya sea de fuentes naturales o provenientes de objetos producidos por el avance de la tecnología), la manera en la que nuestras vibraciones modifican o se ven modificadas al verse mezcladas con las de los demás (conceptos todos probados claramente por la ciencia) o todo aquello con lo que alimentamos nuestro ser a nivel físico o espiritual (alimentación, ideas, pensamientos, sentimientos, ejercicio, arte, etc.), nos lleva a replantearnos la premisa de que una mente sana vive en un cuerpo sano y a preguntarnos si no es al revés: “Un cuerpo sano sólo puede existir cuando tenemos una mente sana; bien cuidada, bien cultivada y bien alimentada”.

En cuanto a lo que a la educación de nuestros niños y jóvenes se refiere, la educación debe evolucionar, poniendo atención a esta relación mente-cuerpo que nos hace humanos y completos, comprendiendo que la parte cognitiva de nuestros alumnos es sólo eso, una parte, y que debemos ayudarlos a desarrollar sus habilidades a todos los niveles, mostrándoles la manera de integrar cada dimensión de su ser de manera equilibrada y guiándolos para que ellos, a su vez, sepan cómo integrarse plenamente a la sociedad de la que todos somos parte fundamental.

“El cuerpo y el cerebro se hallan inmersos en una danza interactiva continua. Los pensamientos que son implementados en el cerebro pueden inducir estados emocionales que son implementados en el cuerpo, mientras que el cuerpo puede cambiar el paisaje del cerebro y, de este modo, el sustrato que sustenta los pensamientos”.

Antonio Damasio

¿Pero cómo garantizar un desarrollo integral?

Si nos ponemos a analizar detenidamente los problemas a los que se enfrenta la educación, principalmente a nivel básico, nos encontraremos desde obesidad infantil a nivel mundial, niños ansiosos, tristes o preocupados y con niveles de enojo o violencia tal que no saben ni quieren trabajar en equipo, apatía por el aprendizaje y una alarmante carencia de valores, hasta la total falta de pensamiento crítico y filosófico, y enfermedades físicas y mentales verdaderamente graves a todas las edades.

Por ello, en nuestro Colegio, proveemos a nuestros alumnos de herramientas adicionales a los contenidos académicos o curriculares y trabajamos exhaustivamente con ellos y sus familias, a partir de 3 ejes principales:

          • Movimiento, el primer paso hacia una salud completa. Realizar activación física todas las mañanas, así como gimnasia cerebral y baile, incrementa los niveles de la proteína BDNF que está asociada a la mejora de la plasticidad sináptica, la neurogénesis o la vascularización cerebral, procesos imprescindibles para un buen funcionamiento cerebral y aprendizaje. El ejercicio físico tiene un impacto positivo en el funcionamiento hipocampo, en la liberación de importantes neurotransmisores y en el desarrollo de las funciones ejecutivas del cerebro, básicas para el rendimiento académico y desarrollo personal del alumnado y , de la misma forma, activan también regiones básicas para el procesamiento motor, especialmente el cerebelo” (Wagner et al, 2017).

  Lo más importante es que, además de todos esos beneficios a nivel cerebral, cognitivo,

  físico y neurológico, los enseñamos a iniciar el día con una actitud positiva, a trabajar 

  juntos por y para el equipo y a tener claridad sobre cómo van a “intencionar” sus

  pensamientos, de manera individual y colectiva, a partir de ese momento.

   En este sentido, actividades como la lectura cotidiana, las artes, la reflexión y la 

   espiritualidad serán fundamentales en el fortalecimiento de sus mentes y almas durante

   sus periodos más importantes de desarrollo.

          • Mindfulness, lo que crees es lo que creas. La mejor forma de enseñar a nuestros hijos y alumnos a modificar sus pensamientos, a dirigirlos a lo que realmente desean y a que creen su propia realidad a partir de lo positivo, es mostrarles la manera de desarrollar su atención o conciencia plena. Nuevamente la ciencia, después de muchas, diversas y profundas investigaciones, nos demuestra que la meditación es un medio efectivo para modificar nuestro cerebro y con ello, los diversos procesos que necesitamos para mejorar nuestra vida, nuestra mente y nuestro cuerpo.

“Educar la mente sin educar el corazón,

no es educar en absoluto”.

Aristóteles

Educar la inteligencia con amor

Más allá de ser un lema con un profundo trasfondo, en el Mazenod no sólo hablamos del “sentido humano en la educación, fortaleciendo el corazón”, sino que todos nuestros esfuerzos, todos nuestros conocimientos, cada parte de nuestro modelo educativo y todo nuestro amor están dirigidos a lograr esa integración de sus cuerpos y mentes. Porque solamente cuando la inteligencia va unida al amor, y cuando el corazón se encuentra con la razón es cuando podemos decir que somos seres humanos íntegros.

Alejandra Ruiz S.

Directora General