La mezcla perfecta para un buen rendimiento escolar.

Al hablar de alimentación infantil o juvenil, son muchos los aspectos que debemos considerar, tales como edad, etapas del desarrollo, nutrientes necesarios para un sano crecimiento, alimentos que favorecen o actúan en detrimento de los procesos cognitivos, periodos apropiados para alimentarse, etc.
Sin embargo, según datos arrojados por la OMS y la mayoría de los organismos internacionales enfocados en la educación, hay dos vertientes principales a las que, como padres y colegios, debemos prestar especial atención: ¿Qué están comiendo nuestros hijos y alumnos? y ¿En qué tiempos y horarios lo están haciendo?

Somos lo que comemos, pero también el cómo lo comemos
En cuanto a estas dos preocupaciones principales tenemos, primero, el hecho de que la alimentación de los niños y jóvenes en edad escolar en México, es por demás diversa y en muchos casos, dirigida más bien por malos hábitos adquiridos en las familias o por modas iniciadas principalmente en el extranjero y adoptadas aquí casi sin sustento real o sin ninguna supervisión profesional.

Al respecto de esto algunas de las señales de alarma más comunes que pueden detectarte en los Colegios son:

Los alumnos llegan a su jornada escolar en completo ayuno.
El lunch está compuesto, en su mayoría o en su totalidad, por comida chatarra, embutidos o alimentos llenos de sal y conservadores.
En el otro extremo, encontramos loncheras casi vacías, con dietas veganas, crudívoras, frugívoras, orgánicas y hasta macrobióticas, en porciones preocupantemente pequeñas para cualquier ser humano de cualquier edad (10, uvas, 7 almendras y un pequeño contenedor de agua natural, por dar algún ejemplo).

Por otra parte, no sólo se ha vuelto preocupante lo que comen nuestros hijos y alumnos, sino que también es un motivo de alerta el hecho de que no están teniendo tiempo suficiente para alimentarse con tranquilidad, lo que ocasiona diversas consecuencias como:

No saben comer despacio y mucho menos disfrutar de su comida.
No pueden llevarse a cabo los procesos para una correcta digestión y asimilación de los nutrientes (los alumnos casi no mastican, sino que prácticamente tragan la comida lo más rápido posible, por ejemplo).
Toman malas decisiones en cuanto a qué comer.
Tienden a preferir primero la comida chatarra y a dejar los alimentos con más valor nutricional al final, porque llaman menos su atención y ya no hay tiempo para comerlos.
Sus requerimientos nutricionales no se cubren adecuadamente.
Desarrollan trastornos alimenticios o enfermedades del sistema digestivo.
Se desperdicia definitivamente la comida.
Como consecuencia de esto, van aprendiendo a tirar la comida como un hábito perfectamente normal.

Todas estas situaciones provocan que los alumnos presenten un bajo rendimiento escolar, o incluso trastornos de hiperactividad por ejemplo, como cuando consumen azúcar en exceso.
Por todo lo anterior, es de vital importancia que padres y colegios, tomemos cartas en el asunto y nos ocupemos en implementar las medidas necesarias para que se alimenten no sólo sanamente, sino en un entorno de tranquilidad y armonía.

¡Para comer mejor!
Algunas recomendaciones para mejorar la calidad de la alimentación de nuestros hijos:

✔︎ Deben tomar un desayuno completo (o alguna bebida natural que les proporciones todos los nutrientes que necesitan) antes de salir hacia el colegio.
✔︎ Su lunch debe ser natural, pero equilibrado, contener igualmente los nutrientes que necesitan a la mitad del día y en cantidades adecuadas para el tiempo con el que cuentan (recordemos que en México el tiempo de luch se refiere más a una colación apropiada que a una comida completa, ya que estamos considerando que los alumnos debieron haber hecho la parte fuerte de su desayuno en casa).
✔︎ Debemos procurar que cuenten con el tiempo necesario para comer sin prisas y masticar adecuadamente.
✔︎ Es importante enseñarlos a agradecer por sus alimentos y a disfrutar de su comida.
✔︎ Deben mantenerse hidratados siempre.

No en vano los griegos, en su amplia sabiduría, tenían como premisa fundamental la famosa frase “Mente sana en cuerpo sano”. Cuidar la adecuada alimentación de nuestros hijos y alumnos no es sólo una obligación, sino ante todo un acto de amor: ellos son el centro fundamental de nuestra misión de vida y el mayor tesoro que tenemos.
Ayudémoslos a formar hábitos correctos desde pequeños, seamos su ejemplo y modelo a seguir y en ese proceso, con toda seguridad todos saldremos gratamente beneficiados.

Alejandra Ruiz S.
Directora General