Evaluación Trimestral vs Bimestral: ¿Qué debemos saber?

Con el nuevo modelo educativo, llegó también una nueva manera de evaluar a los estudiantes de educación básica, la cual, a diferencia del modelo anterior, en vez de realizarse en 5 bloques durante el ciclo escolar, comprende 3 periodos o trimestres, finalizando en noviembre, marzo y julio respectivamente.

Ahora bien, más allá de hacer un análisis exhaustivo de todos los aspectos en los que ha sido modificado el modelo educativo (lo cual ya ha sido hecho hasta el cansancio por reconocidos especialistas en la materia), es importante detenernos a reflexionar en las ventajas y desventajas que nos plantea la nueva forma de evaluar el aprendizaje de nuestros alumnos.

¿Evaluar el aprendizaje o para el aprendizaje?
En primer lugar es importante definir ¿qué es lo queremos evaluar?, ya que si bien, el nuevo modelo educativo busca una evaluación integral -a través de la evaluación por niveles de desempeño (que debe traducirse en una calificación numérica) para los campos de formación académica y las áreas de educación física, cuyos programas de estudio están definidos a partir de aprendizajes esperados; y de una evaluación no numérica para las áreas de desarrollo socio emocional y los clubes den autonomía curricular (elegidos por cada plantel de manera autónoma)-, deja de lado elementos indispensables para el desarrollo del niño, como por ejemplo la memoria como competencia básica del aprendizaje escolar.
Es entonces cuando debemos preguntarnos: ¿Por qué se excluye a la memoria de las competencias de aprendizaje, pero se pretende una evaluación escrita que abarca un periodo trimestral?
¿Por qué el examen nacional para medir el aprendizaje de los estudiantes está plagado de preguntas que implican el aprendizaje memorístico de infinidad de datos?

La memoria, como se ha visto en los procesos de enseñanza-aprendizaje, es la base que requiere todo ser humano para aprender. El desarrollo del niño va acompañado con el desarrollo de la memoria, y las formas de evaluar, en cualquier ámbito, siempre deben incluir la particularidad memorística. Sin embargo, este es un proceso que se va desarrollando a lo largo de la vida. Es por eso que un niño pequeño, de entre 7 y 10 años, requiere de evaluaciones continuas que vayan apoyando su proceso de aprendizaje.
Pensar en un proceso de evaluación más allá de un mes o mes y medio es poner a un menor un reto que no va a lograr, no porque no quiera sino porque no está en el nivel de desarrollo real de su aspecto cognitivo.
La evaluación bimestral tiene como ventajas el poder evaluar a los pequeños en un proceso y un límite de tiempo adecuados para ese desarrollo cognitivo; más allá de un mes y medio implicará poca objetividad en la evaluación de dicho proceso y de sus logros reales.
Un docente tiene información más valiosa de sus niños cuando puede evaluar en períodos más cortos.
Entonces, evaluar para el aprendizaje significa que debemos tomar en cuenta todos (y no sólo algunos) aspectos de la formación de los estudiantes y que los exámenes y demás herramientas de evaluación deben estar dirigidas a ayudarlos a reconocer sus distintas capacidades y maneras de aprender.

Utopía vs Realidad
Es este punto cuando podríamos mencionar que el nuevo modelo sí esta proponiendo esta forma de evaluación para el aprendizaje, ya que cada profesor, deberá reportar (también de manera trimestral) el nivel de desarrollo de habilidades de cada alumno por materia. Sin embargo, también aquí debemos detenernos a pensar que México no es Finlandia y que nuestros maestros, en el mejor de los casos tienen al menos 2 grupos de primaria con un mínimo de 25 alumnos con 6 materias por alumno, (a nivel primaria estamos hablando de al menos 300 “evaluaciones personalizadas”); y en muchos casos, sobre todo en secundaria, los profesores tienen hasta 18 grupos de un promedio de 30-40 alumnos y muchas veces trabajan el turno matutino y vespertino (lo cual supone un total de aproximadamente 1440 evaluaciones, suponiendo que se trate de una sola materia).
Habría que preguntarnos entonces ¿en qué momento podrán los docentes realizar este tipo de evaluación? ¿Entonces cuándo se darán el tiempo de investigar, actualizarse y planear clases que sean de verdadera calidad? Eso, por supuesto, sin pensar en si los maestros están realmente capacitados para realizar evaluaciones integrales, efectivas y objetivas, porque además necesitamos pensar en la inversión de tiempo necesaria para la capacitación constante que requieren.

Ahora bien, suponiendo que todos tuvieran el tiempo y la capacidad de realizar efectivamente estos informes exhaustivos, no implicará necesariamente que obtengan una evaluación objetiva de sus alumnos. A lo largo del proceso de enseñanza-aprendizaje se hace necesario que el docente esté en pleno conocimiento del desarrollo de su alumno y lo esté comunicando a los padres de familia, pero indiscutiblemente hay que dar un tiempo para que este proceso vaya tomando su camino.
En definitiva, estar en contacto con los padres de forma continua (con reuniones siempre que sean necesarias) ayudará más que estar elaborando un escrito durante un trimestre, el cual siempre será más efectivo si se realiza de manera semestral y reducirá la inversión de tiempo de padres y maestros.
Debemos ser conscientes de que aumentar el trabajo de forma exhaustiva a los alumnos y a los profesores no implica evaluar de forma más objetiva. Los niños requieren que se respete su proceso de desarrollo y los maestros requieren que se respeten sus tiempos de trabajo.

¿Y nuestro Colegio?
Afortunadamente, los colegios que tenemos una verdadera preocupación por la formación integral de nuestros alumnos, llevamos ya un largo camino andado en cuanto a las reformas que implica el modelo educativo.

En nuestro Colegio, contamos con diversos elementos que nos permiten llevar a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje de manera integral y contamos con diversas herramientas de evaluación que garantizan que ese proceso se lleva a cabo de manera efectiva, entre otros:

Nuestro Modelo Edkor, que integra todas las dimensiones del ser humano, el aprendizaje por proyectos y el desarrollo de las diversas competencias de aprendizaje necesarias para el siglo XXI.
Nuestros maestros están altamente capacitados y se actualizan de manera constante, tanto en el ámbito académico como en su desarrollo personal.
Evaluamos de manera continua el avance de nuestros alumnos en los diversos aspectos de su aprendizaje, desde las áreas de conocimiento académico, como en las artes, los deportes, el desarrollo socioemocional y el trabajo por proyectos.
Evaluamos todas sus habilidades y competencias por medio de la prueba LEXIUM de manera anual, la cual no sólo nos permite saber en qué nivel de desarrollo se encuentran sino que además los ayuda a irlas mejorando a su propio ritmo y de manera continua.
Nos preocupamos por integrar a los padres en este proceso y hacerlos parte del cambio de visión ,en cuanto a la forma de aprender, que requieren los niños del siglo XXI.

Entender que la evaluación es un proceso esencial para que nuestros alumnos se desarrollen plenamente es el compromiso de la Familia Mazenod, no sólo como personas de excelencia a nivel académico, sino como seres humanos felices, creativos, con valores y capaces de solucionar los retos y problemas a los que se enfrenten.

 

Alejandra Ruiz S.
Directora General