El papel de la Filosofía en la educación básica: encontrando la respuesta a todas las preguntas. Filosofía…¿para qué?

Durante siglos, el ser humano ha tratado de responder preguntas trascendentales como: ¿De dónde venimos? ¿Qué nos sucede al morir? ¿Cómo podemos diferenciar el bien del mal? y por supuesto, una de las más importantes: ¿Para qué estamos aquí?

La palabra filosofía proviene del griego antiguo philos (amar) y sophia (sabiduría). Como ciencia se le ha definido, en términos generales, como aquélla que utiliza un conjunto de razonamientos lógicos y metódicos para analizar conceptos abstractos como la existencia, la verdad y la ética basados en la esencia, las características y las causas y efectos de las cosas naturales como el ser humanos y el universo.

Aplicada en la educación básica, podemos decir que la filosofía es la disciplina que ayuda a los niños y jóvenes a a pensar por si mismos, a cuestionarlo todo, a inferir y sacar conclusiones, a aplicar soluciones críticas y asertivas a los problemas cotidianos y a aprender a vivir reflexionando (creo que es claro que, en un mundo que se mueve a una velocidad tan increíblemente vertiginosa que prácticamente nos anula, esta habilidad se vuelve una herramienta por demás poderosa para que ellos puedan encontrar la calma necesaria y pensar realmente, que al final de cuentas es lo que les traerá, el verdadero conocimiento).

“La educación no es la respuesta a la pregunta. La educación es el medio para encontrar la respuesta a todas las preguntas”.

— William Allin —

Los niños y el desarrollo del pensamiento crítico

Por mucho tiempo, se ha pensado que los niños no tienen la capacidad de filosofar, pero si nos detenemos a pensar un poco, la filosofía se encuentra íntimamente relacionada con la educación; incluso me atrevería a afirmar que son dos conceptos indivisibles e intrínsecamente unidos, ya que cualquiera que sea el campo de estudio del que hablemos y sin importar cuánto sepamos sobre él, siempre habrá lugar para llevar el conocimiento a un nivel más elevado. Por ejemplo: podemos saber todo lo exista sobre física y aún así preguntarnos por qué existe la materia; conocer hasta el más específico detalle sobre pintura cubista, pero preguntarnos qué quiso expresar el autor; saber de memoria todos los artículos de una ley determinada, pero cuestionarnos si tenemos el derecho de juzgarnos unos a otros…

De la misma forma, nuestros niños no sólo son capaces de filosofar sino que deben hacerlo: si los enseñamos a reflexionar sobre todo y para todo, desde las más tiernas edades, estaremos garantizando un profundo desarrollo del pensamiento crítico, el cual, inevitablemente los llevará a ser adultos reflexivos, creativos, con un juicio propio, responsables y sobre todo libres.

En el ámbito académico-pedagógico muchos son los estudiosos que han dedicado sus investigaciones y diversas publicaciones a este tema. Entre ellos Matthew Lipman (filósofo y educador estadounidense que en los años 80 creó un programa educativo llamado Philosophy for children, basado en cuentos y buscando enseñar a los niños a ser críticos, estimularles a hacerse preguntas y a tratar de respondérselas) y Jordi Nomen (filósofo e investigador español que a través de su libro, “El niño filósofo”, busca ayudar a padres y educadores a enseñar a filosofar a pequeños de entre 9 y 12 años).

Vaya, es tal la conciencia sobre la necesidad actual de integrar la filosofía en la educación, que en este año, el Ministerio de Educación español, decidió reincorporarla como asignatura obligatoria,

Pero… ¿Cómo podemos enseñar a los niños y jóvenes a filosofar?

Por increíble que parezca, la respuesta es más sencilla de lo que creemos, ya que básicamente tiene que ver con dos aspectos principales: por un lado, sólo es preciso motivar y potenciar su curiosidad (que en las edades más tempranas es una cualidad prácticamente innata) y, por el otro, implicar hacerlos pensar y reflexionar en todo momento (en este punto, el único obstáculo al que podemos enfrentarnos es que ese mundo del que hablábamos antes, que es en el que vivimos, desgraciadamente promueve cada vez más y con más fuerza, que los seres humanos dejemos de hacer “eso” que nos vuelve libres y autónomos).

Entonces, la mejor manera de empezar a filosofar con nuestros niños es cuestionándolos y enseñándolos a cuestionar. Por ejemplo, si nos preguntan ¿para qué me sirve ir a la escuela?, respondamos ¿Tú por qué crees?; si vemos o leemos algo con ellos, preguntémosles  ¿qué te parece? ¿crees que está bien o mal? ¿qué habrías hecho tú?

ALGUNAS PREGUNTAS GUÍA PARA FILOSOFAR CON NUESTROS HIJOS O ALUMNOS

¿Tú que crees?

¿Tú qué harías?

¿Qué crees que sea justo?

¿Qué es el amor?

¿Qué te parece?

¿Qué pasaría si…?

¿Cómo podrías cambiarlo?

¿Eres feliz?

¿Es bueno o malo?

¿Qué habría pasado si…?

¿Cómo puedes ayudar?

¿Qué es la felicidad?

¿Crees que eso es cierto?

¿Qué es la verdad?

¿Qué es la pobreza?

¿Te gusta el atardecer?

¿Qué sientes?

¿Para qué sirve estudiar?

¿Es importante el mundo?

¿Qué te imaginas tú?

¿Para qué estamos aquí?

Indiscutiblemente la base sobre la que debe fundamentarse la educación actual es el retorno a los valores y a la figura “humana” del ser humano. Por ello es imprescindible lograr que nuestros niños y jóvenes se cuestionen el por qué y para qué estamos aquí: ¿Cuál es su rol en este mundo y en el mundo futuro? ¿De qué manera sus decisiones tienen el poder afectar o modificar todo? ¿Cómo pueden cambiar el presente y moldear lo que vendrá? ¿Hacia dónde quieren ir? ¿Qué sueñan, en qué creen y que es lo que desean para su vida?

Formar estos ciudadanos humanos, pensantes y reflexivos, que necesitan nuestro mundo y nuestra sociedad, está en nuestras manos. Hablemos con ellos, argumentemos, cuestionemos, reflexionemos y filosofemos juntos, para poder estar seguros de que serán personas que tengan claro quiénes son, qué quieren, para qué están aquí y hacia dónde van.

Alejandra Ruiz S.

Directora General