Adolescentes sin control: ¿En dónde están los padres del siglo XXI?

De sobra es conocida la preocupación que los padres sentimos al tener hijos adolescentes y saber los diversos peligros a los que se exponen, especialmente en esta época en que todo es inmediato, desechable y, por si fuera poco, que está a su alcance con tan sólo un click.

 

Pero, ¿qué pasa cuando somos nosotros mismo quienes los exponemos a dichos peligros (drogas, alcohol, pornografía, conductas sexuales riesgosas o violencia de todo tipo) por no saber (o no poder) tomar el rol que nos corresponde?

 

Roles invertidos: el fenómeno socio-familiar del siglo XXI

Por desgracia, los padres del siglo XXI tienen grandes problemas al tratar de ejercer su rol como figuras de autoridad, al punto en que los roles dentro de las familias se ven invertidos desde las edades más tempranas de sus hijos y ni qué decir cuando esta situación se extiende a la etapa adolescente y de pronto se enfrentan a personajes casi desconocidos para ellos, que exigen derechos y libertad, que deciden sobre temas para los que aún no están maduros y que prácticamente obtienen todo lo que desean porque se han convertido en los “jefes” de la casa.

 

Pero… ¿En dónde está el origen de esta inversión de roles? ¿Cuáles son los factores que la desencadenan?

 

Mi hijo, mi cuate, mi jefe… ¿o mi espejo?

En términos generales podemos distinguir situaciones específicas que parecen estar provocando que los padres de las generaciones actuales se hayan olvidado de cuál es su lugar dentro de la familia y de la sociedad o que simplemente sean incapaces de asumir su responsabilidad como tal.

Algunas de ellas son:

 

  • Temor a perder el amor o el reconocimiento de los hijos.

 

  • Miedo a envejecer al asumir una figura de autoridad o establecer límites.

 

  • Deseos de pertenecer a las nuevas generaciones (nativos digitales, cibernautas de las redes y en términos generales el sector “cool” de la sociedad actual) y rechazo a los valores “obsoletos” con los que fueron educados.

 

  • Excesiva permisividad por querer ser “amigos” de los hijos, por falta de tiempo, por exceso de trabajo o simplemente porque ser padre es una tarea extenuante y porque “yo también tengo derecho a mi espacio personal”…

 

  • Entrega a manos llenas de objetos, dinero o lujos que no corresponden a las edad ni a la etapa de desarrollo de los hijos y que sólo confunden o tergiversan su percepción de la realidad (casi siempre con la supuestamente buena (pero muy equivocada) intención de: “quiero darle lo que yo no tuve”.

 

  • Conductas personales tóxicas (adicciones, violencia, promiscuidad) que nuestros hijos simplemente absorben como el ejemplo de lo que “debe ser”, lo que “está bien” o el “no pasa nada” porque siempre lo hace mi papá o mamá.

 

 

Las alarmantes consecuencias

Padres, profesores, psicólogos e incluso los propios implicados, estamos percibiendo y detectando focos rojos que cada día aumentan de manera preocupante y que nos ofrecen un panorama claro, pero triste, de lo que está pasando con nuestros adolescentes:

 

  • Fiestas sin control (en casa de los propios “amigos” y compañeros de colegio, en donde los propios padres (quienes deberían ser responsables de la seguridad e integridad de los menores) promueven las situaciones de riesgo, proveyendo alcohol sin límites y permitiendo (o no estando al pendiente de) situaciones que salen de control y transgreden los límites de la moral y el respeto por los demás.

 

  • Adolescentes criminales (homicidas, violadores, secuestradores o golpeadores) que consciente o inconscientemente no son capaces de regular sus acciones ni de asumir las consecuencias de sus actos.

 

  • Embarazos prematuros y enfermedades de transmisión sexual en niñas y niños que probablamente ni siquiera saben por qué terminaron así.

 

  • Incremento de suicidios y muertes por sobredosis (de drogas o alcohol) en adolescentes e incluso en niños.

 

 

Si bien es cierto que todas estas situaciones se han vuelto la realidad cotidiana de miles de familias y que, además, se ha incrementado de manera grave con la nueva costumbre de incluir las prepas dentro de los ambientes universitarios, no podemos quedarnos cruzados de brazos y debemos recordar que es nuestra obligación reaccionar promoviendo acciones que nos ayuden a frenar esta vorágine que está devorando al sector más vulnerable de nuestra sociedad.

 

cuadro

 

No olvidemos que padres y colegios conformamos el sostén, las redes de apoyo y los lugares seguros en los que nuestros hijos y alumnos deben encontrar las herramientas que les ayuden a fortalecer sus valores, a formar su identidad, a moldear su capacidad de decidir y a obtener la seguridad que necesitan para sortear las dificultades a las que se enfrentan en el mundo actual y sólo si sabemos que estamos haciendo todo lo que está en nuestro poder para lograrlo, podremos sentirnos satisfechos del trabajo realizado en vez de sorprendernos, angustiarnos o simplemente voltear hacia otro lado cuando las consecuencias nos rebasen.

 

Alejandra Ruiz S.

Directora General