Adicciones en los niños: ¿Es posible?

No es fácil evocar la palabra adicciones en referencia a los niños, ya que su sola mención es prácticamente sinónimo de drogas o alcohol; sin embargo para poder entender la profundidad de esta disfunción y los alcances que puede tener en nuestros hijos, tendremos que empezar por comprender que no sólo ocurre cuando hay sustancias químicas (externas) de por medio, sino que tiene que ver con las sustancias que nuestro propio cerebro produce desde que somos pequeños.

El cerebro adicto

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) “una adicción es una enfermedad física y psicoemocional que crea una dependencia o necesidad hacia una sustancia, actividad o relación”.

Hablando de una manera simple y quizá un tanto primitiva, una adicción se produce cuando nuestro cerebro (que está diseñado para funcionar a base de recompensas y castigos) recibe un estímulo en su centro de placer a un nivel un tanto más elevado de lo normal (generado por sustancias, actividades o emociones específicas y provocando una generación también elevada de dopamina), el cual quedará registrado en nuestra memoria y será el motivo por el cual seguiremos buscando repetirlo (siguiendo las etapas del proceso, que van de lo más “leve” a lo más grave: uso, abuso y dependencia).

Pero, ¡Si es sólo un niño!… ¿A qué puede ser adicto?

En el caso de los niños (a diferencia de los adolescentes que ya muestran  conductas adictivas relacionadas con sustancias tóxicas) las adicciones suelen presentarse de distintas maneras y a diferentes edades, pero es vital que como padres y maestros estemos atentos a los comportamientos y señales de alarma que pudiéramos observar en ellos para poder actuar con rapidez.

Las principales manifestaciones de adicción en niños se dan en relación con:

        • La comida (en especial chatarra).
        • Los dulces (azúcar).
        • La televisión.
        • Los dispositivos tecnológicos digitales (smartphones, tabletas, etc).
        • Los videojuegos.
        • Las relaciones interpersonales (dependencia, victimización, manipulación emocional, violencia, etc.).

Es evidente que las adiciones en los niños no se dan a un nivel consciente ni son voluntarias. Incluso, en la mayoría de los casos son generadas (casi siempre también sin intención) por las conductas, hábitos y actitudes de los adultos que los rodean y son su ejemplo.

Captura de pantalla 2019-04-10 a la(s) 17.18.08

Pero lo verdaderamente importante es que tengamos las herramientas suficientes para detectar, tratar y frenar esta situación si es que está afectando la vida de nuestros hijos para evitar mayores consecuencias en un futuro:

Y entonces… ¿Qué puedo hacer si sospecho o sé que mi hijo tiene una adicción?

Lo primero es tener en cuenta que cuando los niños son pequeños no tienen la capacidad de autorregularse o de controlar sus impulsos, por lo que es importante se conscientes de que en nosotros recaerá toda la responsabilidad para enseñar, acompañar y corregir.

Debemos también, hacer especial énfasis en el desarrollo de la tolerancia a la frustración de nuestros hijos, ya que ese será un factor determinante a la hora de prevenir o intentar corregir una afección.

De cualquier manera, ante la menor sospecha o posibilidad de conductas adictivas en los niños, la mejor opción es acudir a un profesional capacitado para recibir orientación, información, apoyo y, de ser necesario, el tratamiento adecuado para resolver el problema que esté afectando a nuestros hijos.

La importancia de ser un ejemplo en familia

Si aún estamos en posibilidad de hacerlo, no debemos olvidar que la prevención es esencial en cuanto al tema de adicciones se refiere: enseñar con el ejemplo, fortalecer la autoestima, marcar límites claros, establecer rutinas, educar en valores y sobretodo escuchar a nuestros hijos, son algunas de las acciones que podemos realizar desde ya para garantizar su bienestar.

En la Familia Mazenod nos preocupamos por cuidar de manera integral la salud física y emocional de nuestros alumnos, los amamos y los conocemos a profundidad, por lo que contamos con un equipo docente y psicopedagógico altamente capacitado para observar sus comportamientos, detectar sus problemas y canalizar, a quienes así lo necesiten, con profesionales de la salud que puedan ayudarnos a resolver sus dificultades.

Recordemos que educar no solo significa transmitir conocimientos, sino tener claro que estamos moldeando almas, desarrollando mentes y formando seres humanos que, con toda seguridad, en un futuro serán el orgullo de su familia, de su colegio, de su país y del mundo.

Alejandra Ruiz S.

Directora General