Abuelos del siglo XXI: la generación sin nombre.

La generación sin nombre
Muy lejos ha quedado la imagen de los abuelos con cabecitas blancas, anteojos y cobertores en las piernas. En el siglo XXI un fenómeno socio-generacional nos está sorprendiendo y, al mismo tiempo, cambiando las estructuras que, hasta hace poco, creíamos tener con respecto a

Por un lado los abuelos, esa generación entre los 50 y los 70 años que antes considerábamos viejos y que ahora, justamente han borrado el verbo envejecer de su diccionario personal simplemente porque no quieren, no lo necesitan, o incluso, no tienen posibilidades de hacerlo.

Esta generación, es la generación de los viejos de antes y que ya no lo son, de los que tienen recuerdos pero siguen generando historias y hacen planes a futuro, de los que agradecen un nuevo día para salir a trabajar, ir a la clase de pilates o tomar café con los amigos.

La generación que ya necesita un nombre nuevo porque “ancianos”, “abuelos”, o “gente de la 3era edad” ya no les queda.

Por el otro, los padres de entre 35 y 50 años que decidieron “vivir la vida”, trabajar o disfrutar de sus mejores años antes de tener hijos y que ahora se confunden con la franja de los abuelos jóvenes. (Algo importante, para reflexionar, es que muchos de estos padres serán abuelos cuando tengan ¡60 o 70 años! e incluso más, debido a esta estrechez entre generaciones que estamos presenciando).

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ADN de los abuelos: una herencia en línea directa

Más allá de las formas (que indudablemente se han transformado con el paso del tiempo y el avance de la tecnología), la ciencia nos dice que el legado de nuestros abuelos marca de manera importante nuestra genética: nuestra fisiología, nuestros rasgos físicos y, de manera fundamental, nuestra personalidad, carácter  y comportamientos.

Un hecho relevante es que, si bien heredamos características y genes de ambos sexos, la abuela materna juega un rol esencial a la hora de transmitir nuestras particularidades congénitas y esto se debe a un maravilloso regalo que nos da la naturaleza: la memoria genética, la cual persiste de generación en generación a  través de los óvulos, ya que estos contienen la carga genética y la información mitocondrial que tendrá el nuevo bebé que se forme a partir de ellos.

El legado invisible

Pero los abuelos no sólo transmitimos genes. En la parte más alta de la pirámide de la herencia está ese legado que no es visible a simple vista y que sólo al transcurrir los años se hace patente, vigente y duradero en nuestros nietos:

a través de nuestros propios comportamientos, palabras y acciones vamos moldeando su forma de ser y construimos el andamiaje de su manera de pensar y actuar, sus convicciones y sus valores, de tal manera que algún día podrán decir con toda seguridad cosas como: “Amo los libros, soy muy puntual, trato de actuar con justicia o, mi familia es lo más importante para mí porque así eran mis abuelos”.

Ese es el indiscutible legado que debemos tener para ellos. La herencia que no se ve. La que podemos irles regalando día con día. La que, en un futuro, cuando ellos crezcan y formen sus propias familias, transmitan también a sus hijos y nietos.

Un abuelo siempre será un abuelo

Es evidente que los niños y jóvenes del siglo XXI, millenials, centenials y generación Z,  se han visto beneficiados con las transformaciones en el comportamiento de sus “jóvenes-abuelos”: pueden compartir más, interactuar más y disfrutar más con nosotros. A fin de cuentas, sin importar en qué siglo nacimos, ni cuánto o qué tan rápido cambie el mundo, nuestro papel sigue siendo el de custodiar y transmitir la historia familiar, el de cuidarlos, protegerlos y darles todo nuestro amor, pero sobre todo el de ser los amalgamadores de la familia (una función primordial y destacable en un mundo en el que cada vez es más fácil la separación física y emocional de las personas).

Nuestra responsabilidad en este siglo XXI es más importante que en cualquier otro en la historia. Hoy como nunca debemos mostrar a nuestros hijos y nietos que la familia es el valor fundamental por el que tenemos que luchar cada día; debemos recordarles lo importantes que son la disciplina, la honradez, la honestidad, la fe, la educación, los modales y las buenas maneras; la lucha por los ideales esenciales del ser humano (la libertad, al amor, la igualdad), el sentido de compromiso y la responsabilidad; el amor por la lectura, el arte y el conocimiento, la pasión por lo que elijan hacer en la vida,  y ante todo, enseñarles con nuestras acciones que el respeto hacia cualquier figura de autoridad es fundamental para ser, no sólo exitosos en la vida, sino seres humanos de verdadera calidad.

No olvidemos que lo más importante que les podemos dar es la huella emocional que se imprime en sus corazones para siempre y que estamos aquí  para brindarles esa figura protectora, cómplice y sabia que necesitan para entender el mundo desde su propia esencia; para contar historias y transmitir sabiduría, para seguir fortaleciendo los vínculos y las raíces, y para construir el legado de valores, amor y unión que no sólo se deja a través de la sangre.

Alejandra Ruiz S.

Directora General