Reggaeton ¿De qué alimentamos el alma de nuestros hijos?

La música alimenta el espíritu

La música es el lenguaje interno o universal del ser humano. Fue una de nuestras primeras expresiones y a través de sus ritmos, sus letras y sus melodías, transmitimos y recibimos emociones, pensamientos, sentimiento e ideas. La música se escucha, sí. Pero más importante aún la música se siente y de esta manera nos alimenta el alma.

Mucho se ha investigado y dicho ya al respecto de cómo esta aproximación inmediata y casi primitiva entre la música y el cerebro permite a nuestros niños aprender, percibir el mundo, desarrollar diversas habilidades e identificar emociones. Pero lo más importarte y lo que debe preocuparnos y ocuparnos en este momento histórico social es que la música es capaz también de modificar la estructura cerebral, ya que influye de manera importante en la sinapsis y en su plasticidad.

 

Chatarra para el alma

Hasta aquí todo va muy bien, Pero… ¿Qué pasa cuando nos damos cuenta de que nuestros hijos pasan horas de su día escuchando canciones que dicen cosas como: “Y si con otro pasas el rato, vamo’ a ser felices los 4 y agrandamos el cuarto”. “Ella prende las turbinas. No discrimina No se pierde ni un party de marquesina” o peor aún: “Déjame sobrepasar tus zonas de peligro hasta provocar tus gritos y que olvides tu apellido”…

Y estas frases suenan hasta poéticas si las comparamos con la cantidad de palabras explícitas, obscenas y degradantes de las que está lleno el “género musical de moda que todos conocemos como Reggaeton.

A los niños les encanta el ritmo, es pegajoso, invita a bailar a cualquiera. Ellos se divierten y tal vez podemos pensar que no pasa nada si lo escuchan, porque no entienden las letras.

¿De verdad será así?, ¿Realmente es muy divertido ver a nuestras chiquitas de apenas unos cuantos años bailando perreo y cantando “contigo quiero hacer travesuras”?

 

 

“Porque la música es arte, el arte alimenta el alma y el alma te identifica.” -Anónimo-

Dime qué consumes y te diré quién eres

Como padres tenemos la obligación de darnos el tiempo de analizar a conciencia de qué estamos alimentando el alma de nuestros hijos, niños o adolescentes, y estas son sólo algunas de las razones por las que no debemos permitir que escuchen y mucho menos vean Reggaeton:

  • Contenido sexual: el sexo explícito es el identificador número uno en este tipo de música, desde las letras “candentes” por decir lo menos, hasta los videos plagados de escenas sexuales, promiscuidad, mujeres casi sin ropa y con cuerpos de fantasía, toqueteos y pasos de baile (perreo) sin censura alguna. Lo peor es que están al alcance de cualquiera en cualquier lugar y sin ningún aviso o advertencia de que el contenido no es apto para menores.
  • Machismo y menosprecio a la mujer: convertir a la mujer en un objeto sexual o “cosificarla” no es privativo del reggaetón, pero si es un género en el que podemos percibir de manera muy clara la proliferación de erotismo, del consumismo, del papel de la mujer como objeto de deseo y satisfacción sexual y la imagen del hombre como seductor en el mejor de los casos y como dominador en la mayoría de ellos. ¿Así queremos que crezcan nuestros hijos?
  • Materialismo: coches, joyas, yates, cadenas de oro, mansiones. Lo que perciben nuestros hijos simplemente se traduce en “cuántos más objetos materiales y mujeres tienes eres más cool” y si son mujeres, entonces tendrán que asumir la idea de venderse al mejor postor. ¿Qué clase de valores son estos?
  • Distorsión del concepto de amor: la peor de todas las consecuencias en la vida de nuestros pequeños y en especial en la de nuestros hijos adolescentes: Trastornar la idea de lo que es el amor verdadero en pareja y entorpecer el sano desarrollo de su identidad sexual y su formación afectiva. Sobra decir que ya existen estudios que indican que la mayor tasa de embarazos en adolescentes se da en los países donde más se consume reggaetón.

 

Muy cierto es que es decisión de cada quien, a partir de su educación, valores, escolaridad, o simplemente preferencia, elegir qué queremos escuchar. Como adultos tenemos el derecho y la capacidad de hacerlo, pero definitivamente, como padres, debemos detenernos a pensar si realmente queremos alimentar los corazones, las almas y las mentes de nuestros hijos con este tipo de música, sólo por permitirles seguir la moda o la mercadotecnia.

La música no es sólo para divertirse. La música nos influye nuestras conductas y emociones, es un instrumento de aprendizaje, forma nuestra personalidad y nos da identidad cultural.

Entonces… si nos preocupa qué comen o toman nuestros hijos, qué clase de amistades tienes, qué ven en internet o en la televisión, ¿Por qué no nos preocupa qué es lo que están escuchando?

Alejandra Ruiz Sánchez

Directora General