México se movió pero se movieron Maz los corazones

Ser uno de los pocos colegios que reinició clases el 25 de septiembre nos dio la posibilidad de empezar a mirar todo con otros ojos.
Todo momento de crisis nos obliga a un cambio y, los que regresamos (profesores, alumnos, padres y personal en general), ya no somos los mismos que el día de la tragedia: ahora somos diferentes porque regresamos más agradecidos, más solidarios, más fuertes y a la vez más sensibles, más caritativos, más conmovidos, más empáticos; más alertas sí pero también más seguros de que sabemos actuar en una emergencia y, por encima de todo, más capaces de celebrar la vida y todo lo bueno que tenemos.

Las risas de los niños, su confianza en nosotros, su extraordinaria resiliencia hacen más que patente que un colegio debe tener cimientos fuertes en su construcción, para darles la absoluta confianza de que están seguros, pero además contar con las grandes columnas que representan sus maestros, los que son capaces de protegerlos, cuidarlos y ponerlos en primer lugar, antes inclusive que a sus propias vidas y seres queridos,

Unir las emociones con la razón
La Familia Mazenod regresó fuerte, segura, amorosa y dispuesta a construir a partir de la tragedia y el miedo.
Pero no debemos olvidar que la raíz de todos los miedos es la ignorancia y que a partir del conocimiento, de conocer a profundidad por qué suceden los fenómenos naturales o los accidentes, y lo que debemos hacer antes, durante y después de un evento así, es como podemos evitar tragedias mayores.
Y, lo más importante, que ser empáticos y solidarios con los demás es la mejor manera de canalizar la angustia y el estrés de los que ninguno de nosotros quedamos exentos.

El estrés post-traumático: se vale sentir
A dos semanas de la tragedia nos damos cuenta de que las emociones aún están a flor de piel, sabemos ayudar, sabemos compartir, sabemos levantarnos, pero ¡qué difícil es expresar lo que sentimos!
Ya pasaron las épocas en que los hombres mexicanos agarraban valor o ahogaban las penas con una botella de tequila y las mujeres se sentaban a llorar por horas.

Es importante que como padres (y adultos que también tenemos derecho a sentir miedo) nos demos cuenta de que la única manera de sacar la angustia y el temor es precisamente dejándola salir.
Estas son algunas sugerencias que nos ayudarán a lidiar con los síntomas del estrés post-traumático y nos permitirán volver a la tranquilidad de nuestra vida cotidiana:

• Descansar y tratar de dormir tanto como sea posible.
• Procurar evitar ver noticieros y cosas que recuerden el sismo.
• Aceptar y permitirnos sentir lo que sentimos.
• Buscar redes de apoyo familiar o externos. Hablar con otros de cómo nos sentimos resulta particularmente efectivo.
• En los niños además, dibujar y fomentar el juego.
• Asistir a terapias individuales de ser necesario: organismo como la UNAM o la red de Psicoanalistas de la CDMX están ofreciendo terapias gratuitas o con costo simbólico a todos aquellos que sientan que lo necesitan.
• Seguir apoyando desde las posibilidades personales, ya que de esta manera podemos superar la ansiedad y los sentimientos de impotencia.

“Después del verbo amar, el verbo ayudar es el más hermoso del mundo”
Bertha Von Suttner

En la Familia Mazenod seguiremos ayudando como centro de acopio, con nuestras donaciones o simplemente con nuestro trabajo diario en las aulas.
Poniendo todo nuestro corazón para seguir construyendo y reconstruyendo nuestro México, desde nuestra vocación de servicio, desde el amor a la vida, desde la alegría e inocencia de nuestros chiquitos y desde la voluntad e iniciativa de nuestros jóvenes.
¡Gracias Familia Mazenod!

Alejandra Ruiz S.
Directora General