BUENOS MAESTROS ¿Una especie en peligro de extinción?

Dicen por ahí que para ser maestro se necesita valor y es cierto. Pero esa frase va mucho más allá de las palabras que la conforman. No sólo se requiere valor y coraje en el sentido de tener la fuerza para enfrentar los retos que implica hacer frente a una sociedad que, lejos de sentir respeto y admiración por ellos, desvirtúa la figura docente y le resta autoridad. No sólo significa tener que luchar también contra el rechazo que los sectores de disidentes, inconformes y con cero respeto por la maravillosa labor de ser el ejemplo de nuestros niños y jóvenes, han generado en nuestro país.

Ser maestro en el mundo actual, tomar la decisión de llevar ese estandarte y defender la vocación que nace del corazón y que ayudará a formar el mundo del futuro, requiere de un espíritu lleno de valores y de ideales, de ímpetu, de dinamismo, de entrega, de respeto, de compromiso. De una visión clara y grandes sueños. Y, lo más importante, de una pasión tan fuerte por dar lo mejor de uno mismo a otros, que venza obstáculos, traspase fronteras y eche raíces fuertes en las mentes y los corazones de quienes reciben este gran regalo.

“Un profesor trabaja para la eternidad: nadie puede predecir dónde acabará su influencia”

B. Adams

 

 

¿Pero qué es lo que hace realmente bueno a docente?

Ciertamente, no podemos ignorar el hecho de que a pesar de todo lo anterior, maestros hay muchos, pero maestros realmente buenos: ¿esos que se quedan grabados en la mente y el alma, esos que nos inspiran para decidir un proyecto de vida?, no tantos.

Estas son algunas de las cualidades que distinguen a los grandes docentes:

 

  • Experto, apasionado de su materia y líder

Un gran docente es experto en su materia y apasionado de enseñarla. Pone toda su alma, todo su entusiasmo y todo su corazón en lo que hace cada día (y casi siempre también cada noche), pensando cómo mejorar su clase, cómo hacerla divertida, cómo fomentar la curiosidad sus niños y cómo hacer que se contagien de esa pasión por aprender.

Enseña a través de su propia pasión y de esta manera se vuelve un líder, un modelo y un ejemplo seguir a través del respeto y de la admiración que genera en su grupo.

 

  • Entregado y comprometido

Un gran docente es entregado, da todo de sí, a veces sacrificando tiempo libre, fines de semana, tiempo con la familia o los amigos, tiempo de diversión o de descanso, para que su trabajo vaya siempre más allá de un mero “cumplir con lo que se le pide”. No sólo cree en los ideales y valores de su colegio, sino que también se compromete con cada uno de los niños que, sin importar su edad o sección son parte de él y los cuida, los quiere, los protege y los hace sentir seguros en su segunda casa.

 

  • Motivador y amoroso

Un gran docente sabe que tiene en sus manos la responsabilidad de formar seres humanos y por eso es empático con ellos, trata de descubrir, desde el primer día de clases, sus miedos, sus sueños, sus emociones simples y complejas. Los ayuda a partir de los lazos amorosos que van creando y les hacen saber que está disponibles para ellos y para sus padres siempre que haga falta. Deja un pedazo de su corazón en cada uno de sus alumnos.

 

  • Capacitado y con objetivos claros

Un buen docente investiga, lee, inventa, diseña, crea, planifica. Nunca se cansa de buscar los mejores materiales, los últimos avances tecnológicos o educativos, los contenidos más atractivos o las estrategias más divertidas para hacer de su clase el momento más esperado por sus alumnos, el lugar en el que siempre se van a sorprender, van a gozar y van a saborear el acto de aprender.

 

  • Incluyente

Un buen docente no se da por vencido cuando hay un alumno que tiene problemas. En vez de etiquetarlo, discriminarlo o dejarlo atrás, parte de la idea de que todos son capaces de aprender, lo hace su aliado y camina con él para que juntos superen las dificultades que se presenten en al camino.

 

  • Todo en uno y además en “peligro de extinción”.

Un gran docente es una “especie en peligro de extinción”, no sólo trabaja por cuidar un trabajo o recibir un sueldo, lo hace porque lo goza, porque persigue la excelencia, porque cree en sí mismo y en los otros, porque sabe motivar y trabajar en equipo, porque está un poco loco, porque tiene valores, sueños e ideales fuertes como una roca. Porque es guía, padre, amigo, compañero, confidente, psicólogo, director de teatro, cineasta, experto en tecnología, cuidador de cosas y de almas, músico, historiador o científico loco y hasta dentista o enfermero y cualquier otra cosa que sea necesaria para lograr el bienestar y el aprendizaje exitoso de sus alumnos. ¡Todo en uno y más!

 

 

Los profesores de la Familia Mazenod demuestran día a día que poseen estas cualidades y el efecto de ellas se hace patente en el actuar, sentir y pensar de cada uno de nuestros alumnos, en su pasión, en su alegría y en la seguridad que demuestran a donde quiera que van. Eso es lo que nos distingue, nos caracteriza, y nos hace diferentes.

Los felicitamos y les agradecemos profundamente la extraordinaria labor que realizan sin descanso para formar con amor a los niños y jóvenes que forman parte de nuestra Familia.

Alejandra Ruiz S.

Directora General